jueves, 28 de junio de 2018

Risto, Pilar Urbano y el descarte

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Risto, Pilar Urbano y el descarte
Pinsapo, 13/06/2018

El pasado 10 de junio en el programa de televisión Chester dirigido por el popular Risto Mejide, entrevistó a la numeraria Pilar Urbano sobre uno de sus libros, quien propició por una alusión a su antiguo colegio, que Risto le soltara: “en Viaró me hicieron polvo, a nivel humano me destrozaron.” Cuenta que en la adolescencia estaba sin amigos y con problemas familiares, necesitado de cariño. En esa situación se le acercan varios amigos, todos de la obra, con los que empieza a ir a retiros y círculos, y con 16 años a un viaje a Roma tras el cual comunica a sus padres que quiere ser numerario, pidiendo incluso ya autorización para irse a vivir a un centro…


Su madre le dijo que no se opondría, con la condición de que disfrutara de un viaje en verano que ella le organizaba. Fue cuando conoció Risto a varias chicas italianas y francesas, cambiando por completo su visión de la vida. Al volver al colegio y decir a esos amigos tan entusiastas que no le interesaba ya ser numerario, “la obra le abandonó, se quedó sin amigos, los que antes le dieron todo el cariño del mundo, cero amigos. Ya nadie le quería, ya nadie quería estar con él, ya Risto no era interesante.” Hubo demasiado interés en captar y poco en la persona: “A mí me gustaba que me quisieran, lo que busca un chaval de 15 años. Se aprovecharon de eso para intentar captarme. Me hicieron un gran favor a la contra. Gracias a eso, desde entonces me volví muy desconfiado.”
El cáncer del Opus Dei, lo abrupto de la ruptura de personas que salen tan mal de la obra, es algo que no se produce en el resto de instituciones de la Iglesia. Es habitual en las órdenes religiosas con quienes dejan los hábitos conservar la amistad, relaciones, afecto e incluso espiritualidad; incluso también los mantienen como profesores de sus colegios. La tradicional salida vergonzante de la obra (sin despedida ni explicación del interesado, prohibiendo contactar con él, sin testigos) fue creando un desafecto que a muchos les ha hecho preguntarse si mereció la pena tal rudeza por un supuesto bien mayor, dejando tan dolidas a tantas personas que ni quieren a volver oír hablar de la obra, o incluso de la Iglesia. Esta política de “tierra quemada” creó un efecto “boomerang” de antipatía contra la obra, fruto de experiencias personales negativas, y no de ninguna campaña orquestada por las fuerzas del mal.
Nuestro Papa argentino denuncia que se trate a las personas con criterios de utilitarismo y ha puesto de moda el término “cultura del descarte”, palabra no usual en España. El diccionario cita como uno de sus significados dejar las cartas que se tienen en la mano y se consideran inútiles, sustituyéndolas por otras de las que no se han repartido. Descartar es prescindir o excluir algo o alguien que me sobra, que no necesito, y por tanto lo califico de inútil, y con esta connotación negativa suele usar la palabra el Papa Francisco, que denuncia un descarte muy preocupante: el excluir a algo o alguien como inútil y no necesario para el resto. "Por desgracia, objeto de descarte no es sólo el alimento o los bienes superfluos, sino con frecuencia los mismos seres humanos, que vienen descartados como si fueran cosas no necesarias.”
La cultura de la acogida, de la que también habla mucho Francisco, pretende acercar especialmente a los más solos y necesitados, también por su debilidad. Puede afirmarse que en esto las cosas han cambiado con el nuevo Prelado, al darse cuenta de que uno de los motivos de la crisis es el prolongado y nocivo efecto del descarte de seres humanos, que nunca deja de suscitar horror y rechazo. Prueba de esto son los dos textos que aparecen en la página web oficial sobre la “salida del Opus Dei”, uno breve y frío del año 2016 que afirma sobre la salida que nunca se retiene a nadie a la fuerza, que tan solo se pide al solicitante: “que pondere en la presencia de Dios su decisión, pues vino a la Obra con el convencimiento de ser llamado por Dios a este camino.”
En el texto de 2018 ya hay un gran cambio propiciado desde Roma, no solo de talante, si no de fondo, cuando se admite la falta de vocación como una de las causas de salida de la obra: “tampoco faltan en algunos casos errores en el discernimiento vocacional”, con cita a pie de página de un texto del mismísimo fundador que afirma que una de las bases de la ciencia de gobernar es “el convencimiento de que los directores se pueden equivocar y que, en ese caso están obligados a reparar” (Instrucción 31-V-1936, n. 27). Y aunque luego se hacen referencias menos complacientes con la persona que decide irse, es importante resaltar la exhortación evangélica a no juzgar al prójimo: “el misterio de la persona humana pide un infinito respeto, una prudencia que evite cualquier enjuiciamiento. Solo Dios sondea los corazones y penetra los pensamientos más íntimos.”  
La salida de la obra se consideraba una penosa decisión achacable a la debilidad humana, rebeldía contra Dios en cuanto rechazo a la llamada divina, cierta e irrevocable. Ahora la salida, ¡por fin!, pasa a considerarse como la solución al error de los directores al interpretar la voluntad de Dios. Se reconoce así la inducción al error con ese famoso “acelerar los tiempos” con niños sin madurez humana ni espiritual, la nefasta práctica de hacer trampas para determinar la idoneidad para ser numerario o agregado. Ahora ya no cabe descartar la vocación matrimonial o sacerdotal por el mero dato objetivo de la tierna edad. El verdadero “acompañamiento espiritual” implica desterrar el fraude de la estrategia de “encerrona”, tramada en comandita por el sacerdote, director, confidente y por los “amigos” del “pitable.”
El reciente texto sobre la salida del Opus Dei finaliza con un elogio a quienes salen, que no existía en el texto de 2016: son personas que se han dado a Dios, gesto que marca la identidad personal. Eso Dios no lo olvida, ni lo olvida el corazón. Por eso, desde Roma se insta a todos al cambio de actitud con los antiguos miembros, a enterrar la tradicional “cultura del descarte o tierra quemada”: se les exhorta a no perder contacto con nadie de los que dejaron la obra, salvo que ellos lo rechacen, misión específica para quienes ostentan encargos de formación. Y para quienes desconfíen de los cambios en la Obra viéndolos como falso maquillaje, la certeza del efectivo cambio deriva de su rígida cadena de mando, del gobierno “monárquico” o vertical de la Prelatura: “Roma locuta, causa finita.”
Quizá Pilar Urbano se arrepienta siempre de su pregunta a Risto Mejide sobre su experiencia en Viaró, y aún más de haberle pinchado con un “cuéntamelo todo”. Queriendo mostrar la gran formación que recibió Risto, se encontró el testimonio público de una persona rota por la Obra (otra más). Al menos cabe el consuelo de que la acumulación de testimonios de personas con mala experiencia es lo que les ha hecho reconocer que han errado con muchas personas a las que indujeron a una vocación que nunca tuvieron, a quienes además en su salida trataron como apestados, cargando sobre sus conciencias el injusto peso de la culpa. A Pilar le viene como anillo al dedo la advertencia de Isabel Allende: “quien busca la verdad, corre el riesgo de encontrarla.”
Pinsapo



Publicado el Miércoles, 13 junio 2018

 
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