domingo, 3 de junio de 2018

Pobre Pedro Sánchez

Pobre Pedro Sánchez

Domingo 03 de junio de 201819:28h
Pedro Sánchez ha cumplido el mayor sueño de cualquier político al convertirse en el presidente del Gobierno. Se le ve henchido de orgullo, eufórico y feliz. Ni él podía imaginar que, después de cosechar los peores resultados electorales en la historia de su partido, después de ser defenestrado como secretario general resurgiera cual Ave Fénix y se instalara en La Moncloa. Es justo reconocer su éxito, su perseverancia y su fe. Pero cuando pase esta etapa de euforia, de abrazos y de aplausos se va a encontrar solo ante el peligro. Tiene que gobernar con unos socios independentistas, radicales y letales para la Constitución. En especial, Pablo Iglesias va a revolotear a su alrededor cual mosca cojonera. El líder de Podemos ya le ha dado el asfixiante y anunciado abrazo del oso y no le va a dejar ni un minuto de respiro.
Pedro Sánchez, de momento, se ha zafado del acoso y va a formar un Gobierno solo con ministros socialistas. Le estarán esperando. Como le espera Quim Torra con la pancarta de “libertad a los presos políticos” desplegada nada más levantarse el 155 en el Palacio de la Generalidad y con la pretensión de nombrar consejeros a los encarcelados y huidos, lo que hará más pronto que tarde. Habrá que ver cómo le funciona a Sánchez su propuesta de “diálogo”.
También le acechan los nacionalistas vascos que, no contentos con el “cuponazo” y demás prebendas regaladas por Rajoy, quieren aprovechar la “reforma territorial” prometida por el propio Sánchez con el único fin de la autodeterminación. No lo va a tener fácil. Pues ya se sabe que a los nacionalistas les das la mano y te cogen el brazo.
En la cola se han puesto también los “okupas” más radicales, los animalistas que quieren que se prohíban las corridas de toros y la caza, los sindicatos que plantean una reforma del mercado de trabajo a su medida, las feministas de pecho al aire, los gays, lesbianas y transexuales que exigen un Ministerio para sus asuntos. Y los que todavía no se han puesto en la puerta de La Moncloa ya los mandará Pablo Iglesias de uno en uno o de manifestación en manifestación.
En el Congreso afilan los cuchillos Rajoy y su entera bancada que no parecen muy contentos con la emboscada sufrida. Albert Rivera no se quiere quedar atrás como le ha ocurrido durante las sesiones de la moción de censura, apaleado por todos tras ganarse a pulso el título de enemigo público número uno para el entero Hemiciclo. Los socios de Gobierno desplegarán sus imposibles listas de reivindicaciones separatistas y populistas. En el Senado, la mayoría absoluta del PP tumbará todo lo que pase por allí. Y Juncker y Merkel le auditarán cada euro que malgaste.
Que el nuevo presidente del Gobierno disfrute estos días de feria de las vanidades, de lisonjas y parabienes. Porque en cuanto se encierre en su despacho de La Moncloa se va a enterar de lo vale un peine. Es lo que tiene aliarse con lo peor de cada casa. Pobre Pedro Sánchez.

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