lunes, 21 de mayo de 2018

El «yo acuso» de la juez Alaya

El «yo acuso» de la juez Alaya

En su primera entrevista, la magistrada que destapó el escándalo de los ERE describe un desolador panorama de presiones e interés políticos contra su investigación

ABC
Actualizado:
La juez Mercedes Alaya, magistrada en la Audiencia Provincial de Sevilla e instructora durante años del caso de los ERE falsos de la Junta de Andalucía, rompe su silencio en ABC con una entrevista que es un acta de acusación en toda regla. Describe un panorama desolador de presiones e intereses políticos contra su investigación de los ERE falsos, la mayor trama de corrupción pública de la historia democrática de España que ahora se está juzgando. El reproche alcanza, por ejemplo, a figuras históricas del socialismo, como Alfonso Guerra, o a la propia presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz. Pero aún hay más. Cree la magistrada que PSOE y PP, a través de los vocales que designaron en el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), forzaron su apartamiento de la causa para favorecer el estatus quo que tenían en el poder autonómico. Alaya pidió la plaza que ahora ocupa en la Audiencia sevillana, pero su intención era mantenerse en el juzgado de instrucción en comisión de servicio, lo que el Poder Judicial no permitió. También denuncia presiones del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía y deja sobre la mesa «cosas asombrosas» que vio en la trama corrupta de la Junta de Andalucía. Carga contra la falta de independencia de la Fiscalía y del órgano de gobierno de los jueces, controlados por el Ejecutivo de turno, que nombra al fiscal general, y los partidos, que eligen a los vocales del CGPJ.
Alaya afirma que se expuso a las maniobras del gobierno socialista andaluz para torpedear su trabajo y ahora se expone a las críticas (y quién sabe si a una sanción disciplinaria) de los destinatarios de su «yo acuso» en la esfera judicial. Aunque sus decisiones como instructora pudieron haber conducido de forma más ágil el desarrollo de la investigación, lo cierto es que con las denuncias de Mercedes Alaya en la entrevista que hoy publicamos no hay que hacer lo que el necio y el dedo que señala la luna, que se queda mirando el dedo, sino plantear qué ha pasado en la historia judicial de los ERE para que una magistrada de su proyección social dé un paso de tanto compromiso público para exponer una situación incompatible con los valores del Estado de Derecho. Porque el alegato de la magistrada sevillana es, en algunos puntos, de severa gravedad, sobre todo cuando afirma que tiene «la percepción personal» de que desde instancias políticas se pusieron palos en las ruedas para que no investigara, por ejemplo, el caso de los cursos de formación. Su testimonio deja tantas sombras preocupantes que debieran ser rebatidas por los principales destinatarios de este «Yo acuso» de Alaya. A partir de ahora, quien calla, otorga.

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charly_cooper69_2372  ·  Hace 14 minutos
Muchas gracias Señoría por ser tan valiente y plantar cara a los delincuentes que gobiernan ésta país, ójala el resto de Jueces tomase ejemplo de su valentía y cumpliese con su obligación. ¡Viva la Juez Alaya!!
Visconti  ·  Hace 1 hora
Si la Justicia no está al servicio de la verdad y de la ley, todo el sistema político está herido de muerte. Esto da asco, apesta.
excelentia  ·  Hace 1 hora
Ese pretendido pudor para no airear los temas jurídicos más que a través de autos, es la excusa esgrimida por aquellos que usan de terceros o se ponen guantes para no manchar las puñetas con sucias maniobras y permanezcan impunes pero  aparente blancura.
   Solo Mercedes Alaya sabe las presiones y agravios padecidos, los intentos de buscar refrendo entre compañeros y recibir como respuesta la huida interesada. Para esta jueza serena, poco amiga de las declaraciones, a pesar de la insistencia de los medios, (a otros veo con frecuencia en la 6º rayando la prevaricación), ha debido suponer un mazazo la crítica y la soledad  incomprensible no ya por condenar, sino por instruir un procedimiento en cumplimiento de su juramento y defensa nuestra. Pues se mantiene, no ha sucumbido y su sentido deontológico se mantiene por encima de intereses agazapados. Ha salido a denunciar lo denunciable sopesando que le pueden llover mil varapalos pero su dignidad y su obligación como mujer y como jueza restituyen la honorabilidad a su lugar debido.
Un diez para esta jueza .Esto SÍ es feminismo,  esto SÍ es integridad.Yo te compraré un altavoz más grande todavía para que no te encuentres sola en tu cruzada.
Milucho  ·  Hace 1 hora
Si no te tejan o por prudencia no lo puedes hacer de otra forma está justicada la denuncia periodística que ha hecho la Sra. Juez. Ójala que hubieran muchos más -sí, muchos porque los muchos casos de dudosa conclusión así lo hacen pensar- como ella.
Burgalesa  ·  Hace 3 horas
El PP se está cubriendo de gloria.
joseantonioalameda_3­66  ·  Hace 3 horas
Con el debido respeto que me merece cualquier Señoría, estoy seguro que la Juez Alaya piensa que Sus Señorías deben hablar públicamente únicamente por medio de Sus Autos y Sentencias Judiciales. Estoy seguro que lo que afirma es muy cercano a la verdad; pero pienso que por el bien de nuestro Sistema Judicial, que por cierto Su Señoría afirma es mucho mejor que el de otras democracias consolidadas, debería hacer esas manifestaciones de otro modo y no por medio de exclusivas declaraciones periodísticas.
Este procedimiento ha dejado en mi pensamiento un poso de pesar.....

¿QUÉ SON LOS BLOQUEOS EMOCIONALES?
Los Bloqueos Emocionales se producen por la falta de asimilación de una experiencia en la vida, esa experiencia no la experimentamos correctamente, no reaccionamos como verdaderamente deseamos.
Al bloquear la respuesta por vergüenza, miedo o sometimiento se produce una energia no adecuada que se queda bloqueada dentro de nuestro cuerpo emocional.
Esa energía bloqueada altera nuestra conducta y nos debilita como personas. Nos aleja de nuestro verdadero YO.
Muchas veces no aceptamos los comportamientos presentes o pasados de personas cercanas, generando con ello el bloqueo emocional y la alteración de la conducta.

También pueden producirse bloqueos por:
- Miedo a equivocarse
- Necesidad de encontrar soluciones rápidamente
- Exagerado afán de seguridad

Pero, ¿Cómo podemos superarlos o enfrentarnos a ellos?:
La liberación de los bloqueos emocionales se produce mediante la Aceptación y el Perdón, aquí os dejo unos pequeños pasos para ayudarnos a superar estos bloqueos emocionales:

- El cambio comienza con el deseo de cambiar
- Es necesario que analices objetivamente qué es lo que te sucede y llegar al origen de tu problema, lo qué te hace sentir mal o lo que te hizo daño y todavía no has superado, el conocimiento consciente es clave para empezar a superarlo
- Tienes que tener en cuenta que el cambio no se producirá de forma lineal y sostenida, a lo largo del camino habrá tropiezos y retrocesos, pero es normal, no te vengas abajo y lucha con más fuerza en cada tropiezo

- Muchas de las respuestas ya están dentro de tí lo único que te falta es "ser uno poquito más valiente" y empezar a actuar
- El cambio asusta, todos los posibles cambios en nuestra vida nos producen miedo, es normal, según vayas avanzando en tu cambio, este miedo irá desapareciendo
- Recuerda, que nunca es tarde para cambiar y tomar las riendas de tu vida

Es esencial, empezar a pensar en cambiar aquello que nos daña y nos hace sentir mal, solo con empezar a hacer pequeños cambios en tu vida el resto vendrá solo, mucho ánimo




jueves, 17 de mayo de 2018

Una fecha olvidada: 1412: Caspe


El Compromiso de Caspe.

Según lo aprobado en la Concordia de Alcañiz, los nueve compromisarios debían reunirse en Caspe el 29 de marzo de 1412 y pronunciar su sentencia en el plazo de dos meses. No obstante, surgieron algunos inconvenientes que obligaron a retrasar la publicación del fallo un mes.
Los compromisarios mantuvieron un intenso ritmo de trabajo y estuvieron continuamente reunidos en sesiones de mañana y tarde, e incluso en veladas nocturnas, para atender la urgencia de la solución y abarcar todas las cuestiones que se presentaban a su consideración. El proceso experimentó una mayor lentitud de la esperada en lo tocante a la atención prestada a la equidad e igualdad de trato y oportunidades de todos los candidatos. A los embajadores de todos ellos, siguiendo el orden de presentación, se les otorgaron las audiencias solicitadas para exponer sus argumentos y se admitieron todas las pruebas y documentos que consideraron oportuno entregar.

La mañana del 25 de junio, los nueve compromisarios firmaron el acta e hicieron pública su decisión. El acta es breve, concisa, con la referencia precisa a la Concordia de Alcañiz, sus nombramientos y juramentos, sin alusiones a cuestiones jurídicas ni a derechos adquiridos ni a argumentos empleados en su decisión ni, sobre todo, a la orientación de los votos particulares de los nueve. Dan el veredicto final que no tiene posibilidad de revocación y no debe someterse a ninguna ratificación por otra instancia. Todos firman y hacen suya la sentencia que señala a Fernando de Castilla como rey y señor de Aragón. No hay votos útiles, ni forzados, ni abstenciones. Según el documento oficial, todos los compromisarios estuvieron de acuerdo en que Fernando era el verdadero rey y señor. Tras la lectura pública de la sentencia, Fernando es ya rey de Aragón.
El triunfo aplastante del sentido nacional —la inminencia de la unidad peninsular estaba en el ambiente, pese a la derrota de Castilla en Aljubarrota (1385)-; el desarrollo democráticamente modélico de las sesiones en la villa aragonesa que desembocaron en el plazo de un ¡trimestre! en la elección -24 de junio- del infante D. Fernando, el de Antequera en rey de Aragón (1412-16); el ancho caudal de una cultura jurídica impregnada de vivencias y vigencias religiosas; el papel esencial representado en las deliberaciones —siempre transcurridas en un clima de absoluta libertad y autonomía- por un líder espiritual como el dominico valenciano san Vicente Ferrer, son, entre otras de igual tenor, circunstancias, qué duda cabe, con muy escasa cotización en las esferas que controlan hodierno los resortes del poder de la comunicación, la política y hasta de extensos círculos académicos.
Por motivos fácilmente imaginables, pero de larga enumeración, en todas ellas el pensamiento e ideales que movilizaron el pueblo y las elites del “Casal de Aragón” para superar la grave crisis provocada por la muerte, sin heredero directo tras la inesperada desaparición de su único hijo, Martín, el joven —junio de 1409-, en la primavera de 1410 del último monarca de la dinastía barcelonesa, Martín, el Humano, apenas logran abrirse un hueco, oficialista y convencional, en su apretada agenda, repleta de asuntos más perentorios…

Tras la “Diada” de este año que enfila ya su recta final, la lectura del Compromiso de Caspe —relegada por completo en los centros de enseñanza de todo el Principado y también como acaba de decirse en los de España entera- cobra aspectos de insospechada actualidad y urgencia.
Siempre es posible el compromiso entre gentes de buena voluntad y de raíces antropológica, histórica y culturalmente comunes.
Los catalanes, de tradición pactista sin paralelo en el Viejo Continente - solar por excelencia de la mejor cochura jurídica, esto es, de la nacida de la fusión del derecho romano y el germano-, lo saben mejor que nadie.
Ante los grandes, quizá dramáticos y acaso trágicos envites que el diseño jurídico-administrativo de la nación afrontará ineluctablemente en los próximos meses el recuerdo de la efemérides de 28 de junio de 1412 tal vez arrojara sombra protectora y estimulante a los debates agonísticos que el tema planteará.


José Manuel Cuenca Toribio.- El Imparcial.
(19 Oct 2012 - 19:02)

miércoles, 16 de mayo de 2018

EL ODIO A ESPAÑA DE QUIM TORRA

La ejemplar democracia pluralista plena que, bajo el arbitraje y la moderación de la Monarquía de todos, preside la vida española, ha dado una muestra más de tolerancia y conciliación. Quim Torra, la marioneta del expresidente felón Carlos Puigdemont, se ha caracterizado a lo largo de su vida política y profesional por la mediocridad. Solo sobresale en el odio a España.
Las hemerotecas no mienten. Quim Torra ha afirmado que “los españoles son bestias carroñeras, víboras, hienas. Bestias con forma humana, que destilan odio, un odio perturbador, nauseabundo…”; que “los españoles solo saben expoliar”; que “vergüenza es una palabra que los españoles hace siglos que han eliminado de su diccionario”; que “el fascismo de los españoles que viven en Cataluña es patético, repulsivo y burdo”; que “franceses y españoles comparten la misma concepción aniquiladora de las naciones que malviven en sus Estados”; que “vivimos ocupados por los españoles desde 1714”; que “corremos el riesgo de acabar tan locos como los mismos españoles”; que lo que aportan los españoles es “la sensación de inmundicia. Horrible”; que “los catalanes votamos y los españoles vienen a vigilarnos. Fuera de aquí…”
Todas estas lindezas las ha escrito el hombre que representará al Estado español desde la presidencia de la Generalidad. España ha padecido en los últimos meses un intento abierto de golpe de Estado en Cataluña y, sometiéndose al ejercicio democrático, permite ahora que la marioneta del expresidente golpista se encarame en las instituciones del Estado en Cataluña.
Me decía ayer un destacado escritor catalán: “Quim Torra es carne de presidio. Se andará con mil cuidados, con mil cautelas. Pero teniendo en cuenta cómo piensa, en cualquier momento violentará la Constitución. Y entonces su suerte habrá cambiado. Entre rejas meditará sobre su destino y el de Cataluña”.

martes, 15 de mayo de 2018

La culpa no es solo de Zapatero.



Lástima que relevantes personalidades de la vida española hayan tardado ocho años en darse cuenta de que detrás del talante inicial no había otra cosa que ese buenísmo infantil y seductor, en favor de las minorías, pero que a la vez era tremendamente agresivo con las mayorías sociales, con la iglesia, con la oposición y con las víctimas del terrorismo, entre otros colectivos a los que tildaron - y siguen queriendo presentar - machaconamente como de extrema derecha, de intolerantes, antipatriotas, mezquinos.

Al final del recorrido, el crédito y el prestigio (¿)del presidente es mínimo, pese a la ridícula defensa que de ZP y de sus ingeniosas ocurrencias han hecho los más mercenarios receptores de dossieres ajenos, los más sesudos columnistas de El País, los más agresivos locutores de la SER, los más bellos rostros femeninos de las dos nuevas televisiones por él concedidas (Cuatro y la Sexta) y por el favor de tanto cómico a sueldo con el humor siempre en la misma dirección.

Pero no es ZP el único culpable de que vivamos una crisis profunda-no solo económica- sino de valores, en la que se ha primado lo “moderno” sin más, lo superficial, lo anticlerical, la venganza de la guerra civil, el apoyo a otros fundamentalismos religiosos presentados como más liberales y el obsesivo empeño en presentar al hombre como un depredador y usurpador de derechos femeninos.
Se ha abusado de la negación de la evidencia y se ha utilizado hasta la naúsea la negociación con ETA hasta el extremo de que la colectiva victoria sobre el terrorismo se va a querer presentar como logro exclusivo de esta etapa final. ¡ cómo se puede permitir que los españoles hayan permitido que a su país le represente en el mundo un presidente que calificó al atentado de la T4 como “accidente” y que no fue capaz de levantarse al paso de la bandera de un país amigo.

Este es el problema real del socialismo en el poder: no gobierna para primar la eficacia, el buen orden general o la primacia del buen sentido.
Gobierna para imponer, para descalificar a quienes considera sus enemigos de siempre, para favorecer causas excluyentes, colectivos radicales, sindicalistas de pacotilla y para agradar a quienes se escudan en los más superficiales y estéticos argumentos para encubrir su mediocridad o para aducirlos como síntoma inapelable de supuesta modernidad. Y porque gobierna desde la maldad y el abuso y asi proliferan en su mandato conspiraciones de alto standing, policías que espían, ministros que cazan ciervos o jabalíes como vetustos personajes del franquismo, espías que pescan marlings, banqueros que compran periódicos, y ministros del interior que organizan o toleran la ceración de bandas paralelas de justicia y que se lucran con su atribuida prima de riesgo y que mediatizan jueces y abortan operaciones antiterroristas para favorecer un falsamente llamado proceso de paz.

Afortunadamente, y gracias a sus potentes empresas financieras, de telefonía y comunicaciones, de servicios aeroportuarios, a su eficaz gestión de asuntos públicos en muchas autonomías y ayuntamientos y a los brillantes resultados deportivos tanto colectivos como individuales, España es un país querido y respetado, pero políticamente es hoy -en los ámbitos internacionales más influyentes-una nación desacreditada por estar gobernada por políticos sin preparación, que no entienden los ingredientes del mundo moderno, ni los entresijos del liberalismo económico, ni el rigor y la exigencia debidas a la pertenencia a un sistema de moneda única, en el que la inacción, o lo que es peor la negación de una crisis puede arrastrar a otras economías. La acusación de que la culpa de la crisis era y es de los especuladores y de los genes del capitalismo financiero es de un ridículo notable y acredita que le combustible del socialismo español es el antiamericanismo, el anticapitalismo, el antiliberalismo, y la siempre eficaz película superficial de modernidad y solidaridad, ¡eso que no falte!-

Pero insisto, la culpa no es solo de Zapatero. Otros muchos son los que han propiciado que de nuevo España se gobierne por quien nos trata como sospechosos, nos vigila como a delincuentes y nos trata siempre de engañar con su fácil verbo, su fluida argumentación, su enérgica demanda de verdad, al servicio de la gran mentira.
Carlos Abella (El Imparcial)

lunes, 14 de mayo de 2018

soe


En Cataluña se está quebrando el respeto a las opiniones dispares



Periodismo de trinchera
Jordi Gracia 16 NOV 2012 - 00:01 CET
Del oasis catalán hace mucho tiempo que no queda rastro. El principio del fin fue la evidencia —y la ejecución de la evidencia— de un acuerdo político de izquierdas capaz de relevar del poder al partido gobernante en Cataluña durante más de veinte años, CiU. Nos hemos olvidado de esa etapa, como nos hemos olvidado del oasis, y a veces da la impresión de que vivimos en Cataluña bajo una especie de adanismo fundador que eclipsa o enmudece las razones políticas, sociales e históricas que han llevado a estos dos meses críticos, los dos meses que empezaron con una concentración nacional gigantesca el 11 de septiembre y, sin demasiado respeto por los compromisos explícitos de una democracia, desembocaron en un súbito adelanto electoral que ha condicionado la agenda política de todos.

En historia y política los giros de rumbo dictados por las movilizaciones sociales tienen poco de recomendable porque descartan los cauces jurídicos y legales: simplemente los subvierten como medios de expresión política legítima en democracia. Pero para mi gusto la secuela más nefasta de este giro es otra, más desdibujada e invisible pero ya cotidiana: no soy el único que la detecta, ni es este un artículo de hombre singularmente perspicaz. Es una aprensión que recorre numerosas columnas y artículos, de forma sinuosa y delicada, poco explícita y hasta dicha con timidez (la timidez que dicta el miedo a hacerla crecer solo con nombrarla). Pero la percepción de una impunidad verbal y retórica creciente y la quiebra del respeto convencional a las convicciones dispares está siendo registrada por muchos. Es una fractura de la complicidad social y democrática porque hay una trinchera recentísima, aguda y abrupta: o se es independentista o no se es, o se pertenece al bloque soberanista o se está fuera de él, no sé si a la intemperie, pero desde luego fuera de lugar.

Si hoy en Cataluña no se es independentista, ni por sentimiento ni por razón ni por convicción, se es automáticamente aguafiestas antipático y descreído ante un sueño colectivo que expresa como nada la mirada sostenida de Mas en su antológico cartel publicitario. Los nombres de esos articulistas felizmente aprensivos son de honda y potente relevancia, aunque parezcan ausentes o inoperantes en el escenario público o aunque parezca que no forman parte del discurso crítico y analítico sobre el presente. Estoy hablando de columnas y artículos que aparecen en periódicos como La Vanguardia y EL PAÍS, también en El Periódico, incluso en Ara o El Punt-Avui.

El aire viciado del periodismo de Madrid se ha acercado al catalán

Es una percepción intimidatoria y es quizá el resultado más inmediato del fin de la ambigüedad, como la ha llamado Jordi Amat en La Vanguardia. El fin de la ambigüedad está deteriorando día a día los tejidos invisibles de concordia y complicidad que hicieron de la sociedad catalana un espacio de estratos, ángulos, niveles y expresiones complejas, cruzadas, mestizas y oscilantes, donde nada tenía por qué estar tajantemente claro porque el espacio de definición política era más vasto y flexible, más civilizadamente dúctil y negociable.

Hoy se ha polarizado acelerada y artificiosamente y está exigiendo de la gente que se ponga en una u otra trinchera, en uno u otro bando, como si de veras la realidad social de este país pudiese dirimirse en relación con ese eje a toda velocidad. O como si hubiese saltado por fin el tapón que permite la expresión en libertad de un deseo político. El efecto de estilo y actitud que esta percepción ha tenido en el articulismo o en las tertulias pasa por acentuar la irritación, perdonar el desplante, condenar sin remilgos la postura contraria. Más de una y de dos respuestas desde Cataluña al manifiesto que EL PAÍS publicó en defensa de la continuidad de Cataluña en España han sido indefendibles y hasta con brotes de resentimiento. Alguno, como el profesor Joan Ramon Resina, no es capaz de encontrar entre los trescientos a nadie “que un catalán pueda sinceramente llamar amigo”. Sin embargo, no resulta fácil ocultar que cada cual tuvo el derecho a decidir durante más de 30 años la opción más o menos independentista o más o menos catalanista o más o menos dura o blanda, porque estaban todas en el mercado electoral.

Hoy el mercado simbólico se ha reducido a una sola, como si las respuestas múltiples no fuesen lo que una sociedad saludable demanda a su vida política.

El fin de la ambigüedad nos instala en el maniqueísmo, aunque los mismos que lo impulsan sepan que nada es blanco y negro. Y eso es lo peor: que el mal estará ya hecho, porque en estos dos meses se ha trabajado a fondo para favorecer unas trincheras que no existían, unas radicalidades que la mayoría no echaba de menos, unas creencias que eran compatibles con las de los otros. Hoy ya no. El clima político y mediático está forzando a posiciones militantes y extremadas, está tensando el discurso público pero también el privado, está exigiendo de cada cual una definición categórica de posturas políticas e ideológicas. No es esa la mejor atmósfera para una democracia adulta porque va a dejar un rastro diseminado en la conciencia colectiva en forma de agravios y de ofensas, de desplantes y de malsonancias que tardarán en perdonarse porque ahora se han hecho munición retórica combustible.

El deterioro del respeto democrático es el primer resultado del proceso soberanista

Una fuente cierta para verificar este cambio de tono, este nuevo mal tono, este encastillamiento en un lado frente a quienes están en otro lado, es un sector creciente del columnismo de prensa y la crónica periodística que ha ido adquiriendo una pátina de desprecio y manipulación de las posiciones no soberanistas de la que no había costumbre. Es el nuevo tono que no se arredra ante la pura incorrección civil o la descalificación impune. Mientras leo o escucho algunas de esas tribunas resucita el disgusto y el asombro que la corte mediática más derechizada y monolítica nos despertaba (a todos) escuchando la Cope, leyendo algunas columnas de El Mundo o el Abc, o espantándonos ante las pantallas tóxicas de Intereconomía.

Para quienes no creemos que la independencia contribuya tanto a resolver problemas como a resucitar algunos antiguos y crear otros nuevos, lo intranquilizador de veras es la nueva legitimidad del periodismo de trinchera. Ha ido acercando a la prensa de Cataluña el aire viciado de crispación, intemperancia e insolencia argumental que fue patología de una etapa nefasta del periodismo escrito, televisivo y radiofónico de Madrid (y que aun sobrevive).

No sé a dónde va el poder en Cataluña ni si la independencia hará más felices a las personas; lo que es seguro es que el deterioro del respeto democrático a la discrepancia es el primer resultado indeseable de haber alterado, en cosa de días, el programa político e ideológico de un partido de gobierno elegido hace menos de dos años.

Jordi Gracia es profesor y ensayista. Su último libro se titula Burgesos imperfectes. L’ètica de l’heterodòxia a les lletres catalanes del segle XX (La Magrana).