martes, 18 de septiembre de 2018

PODÍA HABER OCURRIDO EN ESPAÑA, Y TODAVÍA PUEDE


PODÍA HABER OCURRIDO EN ESPAÑA, Y TODAVÍA PUEDE
14/11/2015@11:01:39 GMT+1

Luis María ANSON
A lo largo de este año de zozobras, las Fuerzas de Seguridad Españolas y los servicios de inteligencia del CNI han desarticulado, que se sepa, cuatro comandos yihadistas dispuestos a atentar en España. Para el Estado Islámico, para el califato que se ha constituido en Oriente Medio, nuestro país es territorio a reconquistar. Somos Al-Andalus-norte; Marruecos, Al-Andalus-sur. España tiene una experiencia atroz del terrorismo yihadista con repercusión directa en las elecciones que ganó, tras el 11-M, José Luis Rodríguez Zapatero.

El presidente Hollande decidió intervenir directamente en la guerra siria hace unos meses. Ayer se encontró con la horrenda respuesta del yihadismo y las calles de Paris se ensangrentaron tras el asesinato de más de 120 personas ante la impotencia de los servicios de seguridad franceses, que están reconocidos entre los mejores del mundo.

Que España haya desarticulado a lo largo de este año cuatro comandos yihadistas dispuestos a atentar en nuestro país no quiere decir que estemos a salvo. Podría ocurrir lo que ha ocurrido en Francia. Y todavía puede. Es imprescindible extremar los controles y las medidas de seguridad.

En varias ocasiones me he referido al riesgo de atentado yihadista en España. Voy a reproducir a continuación solo dos de los artículos que he dedicado al asunto. El primero titulado “España, carne de atentado yihadista” apareció en esta misma sección el pasado día 11 de marzo. El segundo titulado “Riesgo de atentado” se publicó en el diario El Mundo el pasado día 3 de septiembre.

Un tipo tóxico
Artur Mas es un personaje manipulador que pervierte cuanto toca llevando a la destrucción a quienes confiaban en él
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Artur Mas es un político tóxico. Un politópata, si se me permite el neologismo construido por analogía con psicópata o sociópata. Un personaje manipulador que pervierte cuanto toca llevando a la destrucción a quienes confiaban en él. Así lo traslucen sus rasgos caracte-riológicos (envidioso y egocéntrico, conspirador y victimista, fabulador y fraudulento), que le asimilan al tipo de personalidad tóxica que definen los psicólogos. Y así lo revela su trayectoria, movida por la ambición de abrirse paso traicionando a cuantos le rodean.
Primero acabó con Miquel Roca Junyent y Josep Antoni Duran Lleida, los delfines llamados a suceder a Jordi Pujol, a fin de monopolizar el principado nacionalista. Después se propuso derribar a Pasqual Maragall haciendo fracasar su proyecto de nuevo Estatut, mediante una doble maniobra que primero forzó su radicalización soberanista en el Parlament para después pactarlo a la baja con el presidente Rodríguez Zapatero en La Moncloa.
Luego pervirtió el moderantismo conservador de su partido para abrazar el radicalismo neoliberal de los recortes austericidas. Y cuando vio que sus electores desertaban no dudó en pasarse al independentismo de ERC, a fin de fagocitarlo en su propio beneficio. Finalmente, cuando ha visto que la fortuna le abandonaba, no ha dudado en tratar de destruir todo el entramado institucional, traicionando no sólo la Constitución española sino el Estatuto catalán. Todo ello al modo furtivo de un taimado Yago que siembra insidias al oído del Otelo catalán, sin dar jamás la cara ni asumir ninguna responsabilidad, pues siempre encuentra alguna Desdémona españolista a quien culpar. Un antihéroe más avieso que astuto, pues en lugar de por la virtù maquiavélica parece poseído por el vizio y lapassione de un Macbeth fatídico.
Lo más extraño es que con ese historial a sus espaldas haya podido llegar indemne hasta aquí. ¿Cómo es que todavía tiene un séquito dispuesto a suicidarse con él? Sin duda por su capacidad manipuladora, que le ha permitido hacer a sus cómplices unas ofertas fraudulentas que estos no supieron rechazar, quedando atrapados en una conjura de encubrimiento mutuo. Es la conocida táctica de hundir los puentes o quemar las naves, a fin de que los conjurados ya no puedan rectificar ni dar marcha atrás. Y los




El decisivo apoyo de Hitler en la Guerra Civil
El Tercer Reich lanzó en España su primera aventura militar en el extranjero. La ayuda al bando nacional resultó a la postre decisiva
PIERPAOLO BARBIERI 15 NOV 2015 - 00:02 CET
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Franco y Hitler se entrevistan en Hendaya en 1940.
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Cuando estalló la Guerra Civil en España, la política exterior de Hitler había sido una sucesión de éxitos. A mediados de 1936, el Tercer Reich estaba llevando a cabo un rearme de tales dimensiones que ponía en ridículo el Tratado de Versalles, por no hablar del servicio militar obligatorio, el abandono de la Sociedad de Naciones y la interrupción de los pagos de indemnizaciones que habían supuesto una carga tan tremenda para la República de Weimar. En fecha reciente, el 7 de marzo, Hitler había logrado remilitarizar Renania sin que nadie le dijera nada.

Conseguir dichos objetivos había sido impensable antes de que los nazis llegaran al poder, a principios de 1933. Pero Hitler lo había hecho, y además había puesto en marcha una sólida recuperación de la economía alemana. Por supuesto, el régimen tenía sus puntos débiles, como el conflicto con las Iglesias y una situación financiera endeble, pero en 1936 pocos podían discutir el poder del Führer. La remilitarización de Renania parecía el culmen del renacimiento alemán que tanto gustaba proclamar a los propagandistas nazis; era evidente que el equilibrio de poder en Europa se había alterado. Al mismo tiempo, sin embargo, el inesperado cruce militar del Rin había acercado a Europa a otra conflagración continental como nunca desde 1918. Y resulta que el canciller era perfectamente consciente tanto de los triunfos como de las dudas. ¿Habría moderación después del éxito? Durante el transcurso de la Guerra Civil española, de julio de 1936 a abril de 1939, la política exterior de Hitler se centralizó todavía más, se hizo más enérgica y más agresiva. Pero el 24 de julio de 1936 eso no se sabía aún.

La primera petición de ayuda que hicieron los nacionales a Alemania no se la dirigieron a Hitler. El 22 de julio, al día siguiente de que Bolín llegara a Roma, el segundo de Franco en Marruecos, Juan Beigbeder, envió “una solicitud muy urgente” al agregado militar alemán en París en la que pedía “diez aviones de transporte con la máxima capacidad de asientos”. El propósito era evidente: trasladar a las tropas experimentadas a la Península. Pero Beigbeder nunca tuvo una respuesta clara. En el norte, el general Mola, ya en la Junta de Defensa Nacional, también intentó entrar en contacto con empresas privadas alemanas a través de la Embajada alemana en Lisboa.

El general Mola, ya en la Junta de Defensa Nacional, también intentó entrar en contacto con empresas privadas alemanas
Ese mismo día se reunieron con Franco el anciano líder del partido nazi en la minúscula legación en Tetuán, Adolf Langenheim, y un obeso hombre de negocios prusiano que había perdido su pequeña fortuna en el crash bursátil de 1929, Johannes Bernhardt. Franco no estaba en la Junta de la rebelión como Mola. Con los soldados atrapados en Marruecos, municiones escasas y prácticamente nada de dinero en efectivo, la situación de los rebeldes era complicada, sobre todo ante la perspectiva de una guerra prolongada. El joven Bernhardt seguramente vio una oportunidad y mostró tal entusiasmo que consiguió entrar en el viaje: Franco y los generales necesitaban toda la ayuda posible.

(...) El 25 de julio, Hans Heinrich Dieckhoff, responsable en funciones del Ministerio de Asuntos Exteriores alemán, escribió un memorándum lleno de cautela: “Ayer [el 24 de julio] llegaron a Berlín, en un avión de Luft Hansa aterrizado en Tempelhof [el aeropuerto berlinés], dos oficiales de los rebeldes españoles con instrucciones del general Franco para negociar con nuestras autoridades la compra de aviones y material de guerra”. [...] Es necesario que por ahora los responsables del Gobierno alemán y el Partido [nazi] sigan rehuyendo cualquier contacto con los dos oficiales. La entrega de armas a los rebeldes se sabría enseguida. Todas las autoridades oficiales deben permanecer completamente al margen”. En el documento original aparecen “sí” y “correcto” en letra del superior de Dieckhoff, el ministro Konstantin von Neurath, diplomático y aristócrata responsable de la Wilhelmstrasse y que, hasta entonces, había resistido las presiones para unirse al partido nazi. Pero a los dos les habían ocultado la realidad. Ambos, diplomáticos de carrera —y alejados del círculo hitleriano de toma de decisiones—, ignoraban que el 25 de julio el propio Führer había decidido otra estrategia diferente para abordar el incipiente conflicto. Y que consistía en cualquier cosa menos en permanecer “al margen”.

(...) El Führer estaba en el Festival de Bayreuth, la puesta en escena anual de obras de Richard Wagner que nunca se perdía. (...)A última hora de esa noche, que solía ser su momento más productivo, Hitler estaba lleno de energía y dispuesto a hablar de política internacional. Es inevitable pensar que ya le habían descrito la poco halagüeña situación de los rebeldes españoles. Un informe de la embajada alemana en Madrid recibido esa mañana predecía acertadamente que el golpe de Estado fallido iba a desencadenar una guerra civil en toda regla. Decía también que la alianza franco-soviética —una realidad oficial desde 1935— saldría reforzada de la victoria republicana, porque el régimen vencedor sería sin duda de izquierdas.


‘La sombra de Hitler. el imperio económico nazi y la Guerra Civil española’,  de Pierpaolo Barbieri. Precio: 21,90 euros. 380 páginas. Editorial Taurus.
(...) El ministro de la Guerra, Werner von Blomberg, el almirante Wilhelm Canaris, entonces jefe de los servicios de inteligencia alemanes (Abwehr), y el ubicuo jefe de la Luftwaffe, Hermann Göring, estuvieron también presentes en la reunión. (...) Hitler ordenó enviar a Franco más material del que había pedido originalmente: veinte aviones de transporte Junkers Ju 52, seis aviones de combate Heinkel He 51S, artillería y más. Los suministros irían acompañados de pilotos, mecánicos e incluso de una unidad médica.

La importancia de esta decisión fue extraordinaria: la decisión wagneriana de Hitler no solo dio comienzo a su primera aventura militar en el extranjero sino que desafió de manera directa el deseo anglo-francés de construir “una nueva paz europea” (...). Además, con una medida que empujó a Mola a contemplar la misma suerte de su hermano Ramón, Hitler decidió enviar material a Franco, y solo a Franco. Con esa decisión, el Führer alteró de manera inmediata e irrevocable la dinámica del liderazgo de la rebelión, al no tener en cuenta la estructura de la Junta española creada unos días antes. Es muy difícil pensar que Franco hubiera podido monopolizar el poder tan fácilmente y tan temprano sin el voto de confianza de Hitler.ESPAÑA, CARNE DE ATENTADO YIHADISTA

Publicado el 11 de marzo de 2015

“Los dirigentes del nuevo califato citan de forma expresa a España. Consideran a nuestro país Al-Andalus y reivindican la soberanía islámica sobre él. Inútil hacerse ilusiones. Absurdo el voluntarismo. Somos carne de atentado yihadista. Lo fuimos en 2004. Después de las Torres Gemelas en Nueva York, el 11-M español superó todas las vesanias. El terrible atentado de Charlie Hebdo no pasó de una anécdota al lado de lo que ocurrió en los trenes madrileños.

Estamos, pues, en vísperas de un atentado yihadista. Las Fuerzas de Seguridad ya han abortado en Melilla lo que pretendían dos agentes del terrorismo. Pero no hay sistema capaz de prevenir y dominar a los terroristas que están dispuestos a suicidarse. Ciertos contactos políticos subterráneos podrían incidir, como ocurrió el 11-M, en que la descarga terrorista se produzca alterando las elecciones, las autonómicas y municipales o las próximas generales. José María Aznar podría explicar en qué consistieron ciertas “casualidades”.

No hay que alarmar a la ciudadanía pero sí conviene trasladar a la opinión pública que la Al-Andalus de la obsesión islámica puede ser objeto de la violencia yihadista. Basta contemplar el degüello de prisioneros occidentales o la salvajada de quebrar esculturas milenarias para comprender que nada se opone a los yihadistas desquiciados. Solo se terminará con esa locura o negociando desde la firmeza con los cafres o venciéndoles militarmente”.

RIESGO DE ATENTADO

Publicado el 3 de septiembre de 2015

“No se trata de crear alarmismos estériles pero el ministerio del Interior del Gobierno Rajoy ha hecho bien al advertir del riesgo en España de un atentado perpetrado por agentes del terrorismo islámico. Nuestra nación está claramente bajo el punto de mira del Estado Islámico y de su Califato avasallador. No sería la primera vez que se consumara una amenaza terrorista de ese género porque España padeció el 11 de marzo del año 2004 uno de los más atroces atentados de nuestra Historia.

Cuando un italiano se asombra en la contemplación del acueducto de Segovia o del teatro de Mérida, no experimenta deseos de reivindicación. Cuando no todos pero sí muchos árabes se recrean ante la Alhambra de Granada, el Alcázar de Sevilla, la Aljafería de Zaragoza, la Mezquita de Córdoba, la ciudad de Medina Azahara, el castillo de Gormaz, los baños de Toledo, Baza o Palma de Mallorca, la Alcazaba de Almería, la Torre del Oro o la Giralda, se sienten dominados por la nostalgia y anhelan la recuperación de las maravillas perdidas. Aunque los cristianos reaccionaron desde el principio -Pelayo y Covadonga- frente a la invasión e iniciaron la Reconquista, no hablamos de una fugaz pirueta histórica. Los árabes estuvieron en el dominio de gran parte de nuestra nación entre los años 711 y 1492, es decir, cerca de ochos siglos sobre todo en Andalucía, al-Ándalus en árabe clásico, que forma parte hoy de la reivindicación de un sector del mundo islámico, encabezado por el Califato que decapita a periodistas, soldados y sacerdotes, que dinamita los vestigios arquitectónicos de las ciudades históricas de Oriente Medio, que fragmenta esculturas milenarias, que comete atentados en las grandes naciones europeas, que lo devasta todo.

La opinión pública española debe estar advertida de que en cualquier momento nos podemos estremecer ante una acción terrorista en un avión comercial, un crucero vacacional, un tren de alta velocidad, un metro abarrotado, un estadio multitudinario, una plaza de toros o una avenida pública. No estamos ante una especulación utópica ni con los pies fuera de la realidad. Las Fuerzas de Seguridad españolas han rendido el gran servicio al pueblo de detener a terroristas que preparaban atroces atentados en España al servicio de la ideología del Estado Islámico, de ese nuevo Califato que condensa las ambiciones desmesuradas de un sector del mundo musulmán.

La relación entre algunos grupos de la extrema izquierda española y los activistas islámicos podría provocar la incidencia del atentado en fecha significativa y de alcance político. Los servicios de inteligencia españoles, tan certeramente dirigidos por Félix Sanz, están haciendo todo lo posible y casi lo imposible por detectar lo que se nos viene encima y cercenarlo a tiempo. Pero ni siquiera la primera potencia del mundo, con su Cia y su Pentágono, con su torrente de dólares y su abigarrada seguridad, puede evitar un atentado. Por eso es necesario alertar a la ciudadanía del riesgo en el que nos encontramos. Parece claro que el Estado Islámico prepara un acto terrorista en España y que es necesario abortarlo o, si se llegara a producir, que no altere la convivencia democrática de la vida española”.
"ningún problema" en que las fiscalías y los "mundos jurídicos" se comuniquen con ellos y que, de hecho, es algo habitual.
Del mismo modo, ha aclarado que la Policía de la Generalitat de Mossos d'Esquadra "tiene una ley" que regula cómo deben comportarse los agentes, que emana del Parlament, lo que implica que "emana de la voluntad del pueblo de Cataluña".

"Los sentimientos personales se tienen que quedar en la taquilla"
Según explicó Miquel, los mossos, para poder ejercer, tienen que jurar o prometer acatamiento a la Constitución. Además, hay otro artículo que especifica que tienen que hacer cumplir "la Constitución, el Estatuto y la legalidad vigente" y tienen que ser "neutrales cuando ejercen sus funciones", normativa que no se ha modificado desde 1994. Por ello, en opinión del portavoz, "en el momento en el que uno va a trabajar, los sentimientos personales se tienen que quedar en la taquilla".
"Somos un cuerpo jerárquico, pero en ningún caso esto significa que tengamos que acatar órdenes que puedan ser constitutivas de delito, que sean contrarias a la Constitución y a las leyes", ha reiterado Miquel, y ha añadido que "las leyes siempre estarían por encima de cualquier orden de un superior".
Asimismo, ha recordado que "la prevaricación está penalizada con desde 9 a 15 años de prisión", a lo que se sumaría, en su caso, la pérdida del puesto 

domingo, 16 de septiembre de 2018

Suárez, el gigante en la niebla

Suárez, el gigante en la niebla

El rasgo esencial de su biografía política fue la audacia. Una determinación casi temeraria para las decisiones de riesgo

MadridActualizado:
La palabra clave es audacia. Toda la biografía política de Adolfo Suárez, y sobre todo la epopeya cenital de la refundación democrática en poco más de dos años vertiginosos, se levantó sobre un impulso de bizarría y arrojo que fue -incluso para dimitir en medio de un cerco de intrigas- la traza principal de su carácter. Apoyado en su seductor carisma personal, en su devastadora empatía, Suárez cimentó su liderazgo en la capacidad de sorpresa y en una determinación casi temeraria para tomar decisiones de riesgo con energía, atrevimiento y coraje.
Ese factor de resuelta, desacomplejada intrepidez resume la mejor de sus cualidades, la que le sirvió para llevar a cabo en circunstancias megacríticas una misión de extrema delicadeza. Fue siempre su rasgo esencial, el que le permitió salir de complejos laberintos y encontrar bajo presión soluciones de emergencia. Su formación y su equipaje intelectual eran livianos, pero su brío moral, su empuje, su valor incluso físico en condiciones extremas, le otorgaba un plus de enorme importancia cuando a su alrededor a todo el mundo le temblaban las piernas. No fue, en una época de grandes políticos, el más brillante ni el de mejor currículum, el mejor orador ni el de mayor empaque. Quizá ni siquiera el más inteligente. Pero resultó el más valiente, el más versátil, el más decidido, el más capaz. Y desde luego el más generoso. El hombre oportuno en el momento necesario.
El artífice de la Transición no era un político de convicciones firmes, ni siquiera de grandes proyectos estratégicos. Religiosidad al margen, su ideología civil era muy flaca: durante la dictadura fue falangista por arribismo pero nunca dejó de coquetear con el Opus Dei. Tenía desde joven una ambición transparente de llegar alto sin permitir que le estorbasen adscripciones dogmáticas, y ese dúctil pragmatismo resultó crucial en la tarea de desmontar la estructura franquista mediante un programa de pactos y concesiones mutuas. Quizá por eso el Rey vio en él al hombre adecuado: estaba decidido a triunfar y no tenía hipotecas de sectarismo ideológico.
Suárez conoció a Don Juan Carlos a finales de los sesenta, siendo gobernador civil de Segovia. Simpatizaron rápido. El entonces Príncipe vio en él a un joven dirigente bien dispuesto a tomar posiciones en el inminente posfranquismo, que había ganado popularidad apartando escombros con sus propias manos en la tragedia de Los Ángeles de San Rafael. Aquel desplome dramático pudo haber sepultado su carrera -había firmado las licencias de la obra mortal-pero se las apañó para que en vez de eso la proyectara. Nombrado poco después director de Televisión Española se consagró durante tres años a consolidar la figura del Heredero contra las presiones de ciertos sectores tardofranquistas, y a la sombra del jerarca falangista Fernando Herrero Tejedor fue ascendiendo en la nomenclatura oficial. La muerte inesperada de Herrero en accidente amenazó con dejarlo políticamente huérfano pero supo recomponerse y muñir nuevas influencias para no descolgarse en la recomposición interna de las fuerzas orgánicas.

El Rey dio el paso clave

No desperdició ninguna oportunidad: inscribió una asociación política -la UDPE-para apuntalar los intentos aperturistas del régimen y se situó en la cantera de cuadros de una eventual renovación del sistema. Su ambición era entonces la de ser ministro pero no lo logró hasta la muerte de Franco, cuando Arias Navarro lo incluyó en su gabinete por presiones de Torcuato Fernández Miranda. Se estaba perfilando una candidatura ad maiorem.
Fracasado el tétrico reformismo de Arias, el Rey dio el paso clave. Los grandes nombres que se postulaban para reconducir la Transición, Fraga, Areilza y Silva Muñoz, figuras consolidadas con un perfil propio, tenían demasiadas aristas y el monarca eligió a aquel joven prometedor que había conocido en Segovia y parecía dispuesto a cualquier cosa. Lo llamó una tarde de julio y Adolfo llegó en vuelo rasante a la Zarzuela. Su cara decía sí antes que su boca. Don Juan Carlos jugó fuerte. La arquitectura del proyecto la ponían él y Fernández Miranda; Suárez tenía que poner la audacia. Lo que más le sobraba. El rasgo primordial de su arriscada personalidad aventurera.
Su nombramiento como presidente del Gobierno fue recibido con una glacial decepción. Venía del Movimiento Nacional y parecía un paso el falso. La izquierda fue especialmente crítica: se temía una involución, un retroceso hacia las tinieblas. «El apagón Suárez», tituló la emblemática revista «Triunfo». Pero el recién llegado encendió de golpe todas las luces. En algo más de dos años, desde julio de 1976 hasta diciembre del 78, derrochó osadía, imaginación, empuje y arrestos. Desplegó una imaginatividad frenética, llena de golpes de efecto que le granjearon fama de mago político, de elegante embaucador, de prestidigitador con una multitud de conejos en la chistera. Pudo prometer, prometió…y cumplió. Promulgó la amnistía general, hizo volver a los exilados, acometió la reforma política, se sobrepuso a los militares nostálgicos, convenció a los procuradores franquistas para autodisolverse, legalizó por sorpresa al Partido Comunista, trajo de Francia a Tarradellas, convocó elecciones, encabezó una coalición para ganarlas y dirigió un período constituyente en medio de una pavorosa crisis económica e inflacionaria.
Fue una travesía funámbula, con España colgada de un alambre sobre un precipicio. De la mano del Rey condujo al país de la dictadura a una democracia constitucional plena, a un régimen de libertades, autonomías y clases medias emergentes. Lo hizo sorteando presiones, abismos conspirativos, conatos violentos, oleadas terroristas y sombras de golpes de Estado. Convencido de que el éxito consistía ante todo en cerrar las heridas del siglo XX se entendió sin complejos con la izquierda -más con Carrillo que con González-, con los sindicatos y con los nacionalistas, toreó al Ejército y durante cierto tiempo pastoreó a una derecha fraccionalista e insurgente que acabó derribándole. Sin planos definidos ni estrategia clara, a base de volantazos tácticos y equilibrios precarios, con sólo la idea prístina del objetivo final en la cabeza, organizó una obra maestra mediante deslumbrantes maniobras de improvisación y condujo a España a un improbable milagro: la reconciliación democrática, un acuerdo de concordia en el que los vencedores de la Guerra Civil se aliaron con los perdedores para instaurar un régimen bastante similar al que había antes de la contienda. Lo pudo hacer porque, además de coraje, poseía una formidable capacidad de entendimiento emocional, de diálogo. Su falta de apego a dogmatismos le permitía llegar a acuerdos transaccionales que eran imprescindibles para estabilizar una situación de fragilidad endemoniada.
Todo lo hizo a velocidad de vértigo, en un proceso sin pausa ni aliento. Sus verdaderas dificultades empezaron cuando se terminó la excepcionalidad. Cuando, construido el nuevo marco, tuvo que convertirse en un político normal que dirigía un país lleno de problemas. Acostumbrado a los desafíos inmediatos, a los saltos en el vacío, Suárez no estaba bien dotado para gobernar y su segundo mandato se convirtió en un descalzaperros. El PSOE gonzalista se impacientaba por llegar al poder y el centro-derecha hervía de intrigas internas. El sector militar contemplaba con alarma el modelo de descentralización autonómica, excitado por la incipiente deslealtad del nacionalismo, y recibía la durísima agresión terrorista. Cuando la audacia dejó de bastar, España se le fue de las manos y comenzó a quedarse sin apoyos, sumido en un desprestigio creciente que sus adversarios excitaron sin piedad: el célebre apodo de «tahúr del Mississipi» que le incrustó Alfonso Guerra.
Se convirtió en un líder menguante, aislado. Repudiado con ingratitud por la opinión pública, su distanciamiento del Rey se hizo evidente y los suyos, los dirigentes de la UCD, conspiraron con González y Guerra para derribarlo del poder en una moción de censura urdida a sus espaldas. No les dio tiempo: se fue él solo en un último golpe de resolución tan contundente como desconsolada. Con un discurso televisado lleno de patetismo, desolación y amargura.
En realidad, el Suárez histórico acabó aquella noche de enero de 1981. Su epílogo fue la gallardía moral con que encajó la irrupción de Tejero en las Cortes, un gesto inmortal de soberbia apostura política. Luego vino un paréntesis de negocios más aparentes que rentables y un intento de resurrección al frente del CDS, el partido centrista con el que trató de rescatar, bajo la sólida mayoría absoluta de González, el espíritu pactista de la UCD. Fue el paso del tiempo el que se encargó de engrandecer su figura, de provocar la rectificación admirativa de sus adversarios -Guerra entre los primeros, todo sea dicho-, de reanudar sus lazos con la Corona y de consolidarlo como una referencia senatorial e inmarcesible de una etapa prodigiosa. Entonces le atacó la enfermedad, la maldición que antes había rondado a su familia con una intensidad trágica.

Poco a poco, el gigante se fue sumergiendo en la niebla del olvido. Asistió al fallecimiento por cáncer de su mujer, Amparo, pero no logró percibir con claridad el de su adorada hija Mariam. Su memoria personal se disolvió al tiempo que se acrecentaba su dimensión en la memoria histórica. Dejó de recordar, aunque no de sentir. Se convirtió en un fantasma de sí mismo que conservaba, agrietada por los años, la sonrisa que devastaba multitudes como un arma de convicción masiva. Aquella foto con el Rey en el jardín de su casa de la Florida, tomada en 2008 por su hijo Adolfo, fue el testamento simbólico de una etapa cerrada. Una imagen de despedida, de tristeza envuelta en un halo de bellísima ternura. Los dos hombres caminaban de espaldas hacia una posteridad presentida. Don Juan Carlos, con su brazo sobre el hombro de su antiguo amigo, envolvía sus brumas con el testimonio de un viejo afecto. El del tiempo que les unió en la aventura más incierta, hermosa y fértil de la España moderna.

Será desagradable, será pesadísimo. Pero el independentismo ha sido derrotado

Será pesadísimo

Será desagradable, será pesadísimo. Pero el independentismo ha sido derrotado

Salvador Sostres

Actualizado:

El independentismo político se ha quedado sin estrategia, sin la idea de un camino, ni siquiera del camino de salida, que más de uno querría tomar, aunque no se atreva a decirlo. Ni Esquerra ni la vieja Convergència tuneada saben cómo avanzar, ni cómo retroceder, ni cómo quedarse donde están para exprimir los suculentos réditos de la autonomía, que es lo que más desearían hacer.
Pese al ruido de las histéricas del otro lado, la victoria con que el presidente Rajoy derrotó al secesionismo fue rotunda, profunda y le dejó sólo espacio para la provocación estéril, para la nostalgia y para volver a la casilla de reclamar «llibertat, amnistia i Estatut d’Autonomia», como Itziar Reyero, enviada especial del periódico a Gerona el 1 de octubre, aventuró que sucedería viendo a Puigdemont cambiarse de coche bajo un puente –haciéndose el McGyver– en lugar de actuar con la dignidad que se le supone al cargo, acudiendo con toda la solemnidad a su colegio electoral y dejando claro ante el mundo entero que España no dejaba votar al presidente de los catalanes.
Y desde entonces –fuga incluida– esto es lo único que ha sabido hacer: el indio. Y esto es lo que continuará haciendo, no para conseguir la independencia de Cataluña, sino para tomarla de rehén con el único propósito que los independentistas no se olviden de él y le mantengan, política y económicamente, mientras duran sus largos años de exilio.



Estamos aquí: Puigdemont –y en general el independentismo– han entendido que lo único que les queda es «joder con la pelota», como el niño de Serrat, para disimular que se han quedado sin opciones. Sólo Esquerra quiere tomarse el gobierno más en serio, pero no se atreve a decirle la verdad a sus votantes, y mientras no se atreva continuará cautiva de las locuras del fugado, que han sido y serán considerables, pero siempre dentro del margen de la Ley, porque desde el 27 de octubre todo independentista sabe el destino que si delinque le aguarda: o el destierro o la cárcel.
Asistiremos a toda clase de provocaciones que nacerán y morirán en su propio jardín de intrascendencia, intentos de humillación al Estado que en el fondo serán mucho más humillantes para ellos y para su impotencia; y en su estrategia de llamar fascistas a los que no piensan como ellos, y de acusarlos de violentos, como si el independentismo no llevara meses violentando la vida política catalana, la tensión se desplazará de eje hacia el guerracivilismo de Podemos, como ya se desplazó primero al de Esquerra y luego al de la CUP. Y allí morirá, como en el 36 y como siempre, el enésimo intento del catalanismo de derrotar a España aliándose con la extrema izquierda.
Será desagradable, será pesadísimo. Pero el independentismo ha sido derrotado, ha hecho y hará el ridículo, y pese a las decisiones de algunos jueces absurdos belgas o alemanes –no sé de qué nos extrañamos, como si aquí no tuviéramos jueces absurdos– España habrá ganado con el inequívoco apoyo de todos los Estados del mundo.

Salvador SostresSalvador SostresArticulista de OpiniónSalvador Sostres


«Malestar y sorpresa» en el entorno de Torra y Puigdemont tras la visita del lehendakari vasco al líder de ERC

El acercamiento Urkullu-Junqueras envenena las relaciones entre el nacionalismo catalán y vasco

«Malestar y sorpresa» en el entorno de Torra y Puigdemont tras la visita del lehendakari vasco al líder de ERC


BarcelonaActualizado:

La recién estrenada «amistad» entre el lehendakari vasco, Íñigo Urkullu, y el exvicepresidente del Govern y líder de ERC, Oriol Junqueras, ha disgustado a parte del nacionalismo catalán. Así las cosas, desde Junts per Catalunya (JpC) -la formación de Carles Puigdemont y Quim Torra- han expresado hoy su «malestar y sorpresa» por que el presidente vasco visitara solo al político republicano y no a otros líderes del «procés» presos.
Fuentes neoconvergentes citadas por Efe han apuntado que Cataluña y Euskadi son «realidades distintas» con estrategias políticas diferentes y ha llamado a «evitar iniciativas no consensuadas que puedan ser usadas por el Estado». Toda una declaración de intenciones que supura incomodidad por el acercamiento del dirigente vasco a Oriol Junqueras en un momento en el que las relaciones entre ERC y Puigdemont no pasan por su mejor momento.
Asimismo, el entorno de Puigdemont y Torra también ha aprovechado para recordar a Urkullu su fracaso intentando mediar en el debate catalán el pasado mes de octubre, misión que los neoconvergentes recuerdan que acabó «sin éxito».

Nueva «alianza» ERC-PNV


Desde JpC también han arremetido contra Urkullu a raíz de las declaraciones que hizo ayer en las que pidió que se hiciera «todo lo posible para rebajar la tensión» en Cataluña; un discurso encuadrado con los postulados de ERC y que contrasta con la estrategia de Puigdemont de seguir alimentado la tensión entre la Generalitat y el Estado.



«Cataluña y Euskadi son realidades diferentes con estrategias políticas diferentes y, por lo tanto, hay que respetar la política y los actores de cada territorio, sin interferencias no consensuadas entre unos y otros», han apuntado desde JpC en un ataque prácticamente inaudito entre nacionalistas vascos y catalanes.

«Ha comenzado a demostrar debilidad y ya empieza a recibir mensajes de que cuanto más tarde en convocar las urnas, menos opciones de sumar escaños tendrá»

El día que perdió el autocontrol

«Ha comenzado a demostrar debilidad y ya empieza a recibir mensajes de que cuanto más tarde en convocar las urnas, menos opciones de sumar escaños tendrá»


MadridActualizado:
Pedro Sánchez no va a caer. Su capacidad de resiliencia a la adversidad se ha convertido en un caparazón que lo protege de la frustración. Su resistencia y capacidad para recomponer la figura cuando resulta golpeado responden ya a cánones inéditos en nuestra política, y empiezan a ser dignos de una tesis doctoral para politólogos. Incluso colocando a Sánchez frente al espejo de sus propias contradicciones, su tenacidad para moldear la realidad a conveniencia resulta sorprendente, con tal de salir indemne de cualquier golpe a su instinto de supervivencia.
Nadie en el PSOE cuenta con que el varapalo de su tesis doctoral le vaya a apear de La Moncloa porque sus mecanismos de autodefensa son proporcionales a su pulsión de poder.

La peor semana en política

Sánchez ha vivido su peor semana en política. O la segunda peor… porque emocionalmente le afectó más la expulsión que sufrió de la secretaría general del PSOE a manos de sus propios compañeros de partido, la renuncia al escaño, su enfrentamiento a la gestora que lideró Javier Fernández, y la estrategia de descrédito personal que puso en marcha Susana Díaz antes de recuperar la secretaría general. Sin embargo, Moncloa y el PSOE son conscientes de que el estigma de su tesis va a perdurar, porque la crisis de reputación en esta fase de nuestra democracia de cacerías masivas y escrutinio extremo de la ejemplaridad queda indeleble sin derecho al olvido. Sánchez puso el listón y ahora le ha caído encima.
Moncloa lo ha considerado una declaración de guerra, un ataque personal ajeno a las clásicas reglas no escritas de la política, similares a las del antiguo fútbol, cuando no había veinte cámaras televisivas captando hasta el más mínimo escupitajo al contrario. «Lo que ocurre en el campo, se queda en el campo», se dijo siempre. Hoy, lo que ocurre en el campo se ve en calidad digital. En política, el proceso es idéntico, y esas normas no escritas de respeto virtual a las «líneas rojas» que delimitaban la agresión política e ideológica de la estrictamente personal han desaparecido.

Cierre de filas forzado

El PSOE ha cerrado filas de modo forzado e impostado, y con una convicción muy mejorable, porque sus dirigentes y candidatos son conscientes de que la estrategia de ocultación de la tesis doctoral de Sánchez, las revelaciones de ABC sobre el plagio, la tardía reacción en hacer público el trabajo universitario, o la composición de un tribunal «ad hoc» que calificó «cum laude» un trabajo discutible, son severos indicios de que el deterioro en la credibilidad de su líder solo puede tender a crecer.
Carmen Montón, el día de su dimisión
Carmen Montón, el día de su dimisión - EFE
El pasado miércoles, cuando Albert Rivera alteró su pregunta en el pleno de control del Congreso para interrogar a Sánchez por su tesis doctoral tras haber caído la noche anterior la ministra Carmen Montón, el presidente del Gobierno cambió su tono y su mirada. Por primera vez dio la percepción, a su grupo parlamentario y al resto, de que perdía el autocontrol… de que algo se había roto en la rutina amodorrada de ese tipo de plenos. Rivera había abierto la espita de la agresión «personal» como factor de combate político. La irritación de Sánchez era máxima, en la seguridad de que las mismas exigencias que había impuesto para relevar a Montón iban a afectarle de lleno en cuestión de días.

Odio personal hacia Rivera

Rivera ha pasado de ser el socio hipotéticamente conveniente para el PSOE tras las elecciones generales -se celebren cuando se celebren- a ser un enemigo personal no fiable. Los gestos con el separatismo han empezado a empeorar la expectativas de Sánchez en las encuestas, y el PSOE ha asumido -pese a las sorprendentes piruetas de Josep Borrell- que no hay visos de rectificación alguna de la Generalitat, y que el futuro de Sánchez debería girar en torno a una eventual alianza con Ciudadanos. Pero el golpe de Rivera había castigado su hígado, y el de ABC le noqueaba poniendo de nuevo a prueba su capacidad de reanimación. Por eso, Rivera ha pasado a ser un traidor a esas reglas no escritas y un enemigo personal más que un rival político. Será la secuela del «¡os vais a enterar!» que Sánchez dirigió a los escaños de Ciudadanos.
En el PSOE rondan preguntas sin respuesta. ¿Por qué Sánchez tenía celosamente vetada la tesis?, ¿por qué estaba oculto un trabajo académico «cum laude», orgullo de cualquier profesor universitario? Las consecuencias son ahora imprevisibles desde cualquier perspectiva de análisis político, porque la reputación personal estaba hasta ahora a salvo de la bronca política en España. Esa regla quedó dinamitada con Cristina Cifuentes y Sánchez la sufre ahora en primera persona. Además, España entra en una nueva fase que además ha abierto, hasta dejarla en carne viva, la evidencia de que la preparación de nuestros candidatos es endeble y se construye a través de campañas de marketing político, una involución moral en las redes sociales, y mentiras que han dejado de permanecer ocultas. Cuando se acercan las urnas, al PSOE le interesa más la estabilidad electoral y la proyección de victorias que los liderazgos específicos. El riesgo de que el liderazgo de Sánchez se convierta en un contaminante tóxico amenaza ya al PSOE como marca en el resto de España.

Rectificaciones masivas

El debate político oscila. Ya no es discutible que copiase, y su autodefensa gira hacia qué porcentaje de plagio es admisible... Por eso,la imagen de la coherencia argumental de Sánchez sobre la ética en política es peor que ayer. Y su desgaste se agravará cuanto más prolongue la convocatoria de las urnas, con el temor añadido de sectores del PSOE a un efecto arrastre inevitable. Moncloa no contaba con esta crisis, ni con la imagen crispada que ha ofrecido Sánchez como gota que colmaba el vaso de un cúmulo de decepciones políticas, empezando por el sacrificio de Carmen Montón.
De hecho, la inestabilidad orgánica de los últimos días en el Gobierno ha sido solo el culmen de otra serie de rectificaciones que apenas han adquirido relevancia, pero que son demostrativas de lo que algún dirigente socialista ya califica en privado de propias de «un Ejecutivo amateur en el que la gestión de los intangibles y la coordinación interna se han convertido en un caos». Es un dato objetivo que el aparato de Moncloa no da abasto para rectificaciones.
Protesta de los trabajadores de Navantia esta semana ante la incertidumbre por el contrato con Arabia Saudí
Protesta de los trabajadores de Navantia esta semana ante la incertidumbre por el contrato con Arabia Saudí - EFE
La semana comenzaba con el reconocimiento del Gobierno de que no será factible ajustar las pensiones al IPC. Después, Montón… Y Borrell anunciando la condición de «nación» de Cataluña, la rectificación para la venta de 400 bombas a Arabia Saudí justificada en una «extraordinaria precisión» incapaz de causar masacres civiles, y finalmente la retirada de una polémica reforma del Código Civil para una anulación automática de la patria potestad en casos de violencia machista sin participación de un juez. Es la servidumbre de disponer solo de 84 escaños, y la esclavitud de depender de equilibrios imposibles. Todo, agravado también por el fallido intento de aprobar una propuesta conjunta con el PDECat para iniciar un diálogo «sin condiciones» con la Generalitat de Cataluña, tumbada por ERC.

El Gobierno más descoordinado


En el PSOE se asume que existe la necesidad de que cuando Sánchez se rebata a sí mismo, lo haga con una convicción de la que empieza a carecer. Algo en Sánchez ha cambiado esta semana, con solo tres meses en el Gobierno de acuciado deterioro. Ha comenzado a demostrar debilidad porque no cuadran las piezas del puzle de su tesis y porque la hemeroteca le delata en incoherencias flagrantes. Empieza a importar menos la figura política de Sánchez, y más la figura electoral, porque la inconsistencia argumental con que se maneja, sus dudas y medias verdades, y -lo más extraño en un superviviente como él- su inseguridad sobre el terreno que pisa en un Gobierno fallón y descoordinado, ya se han convertido en un «meme» viral sistemático generador de incertidumbre y desasosiego en el PSOE. Por eso ya ha empezado a recibir mensajes de que cuanto más tarde en convocar las urnas, menos opciones de sumar escaños tendrá.

TRIPARTITO CONSTITUCIONAL

TRIPARTITO CONSTITUCIONAL

Reproducimos a continuación un artículo de Luis María Anson, publicado en el diario El Mundo y del que se han hecho amplio eco las redes sociales.
Si en lugar de estúpidas negociaciones, distensiones arbitrarias y palabrería deshabitada, se emprendiera una coordinada acción eficaz, la podredumbre del secesionismo catalán no continuaría infeccionándolo todo y, en tal forma, que, de seguir así, se desencadenará la violencia para desgracia general. El desafío secesionista llegó ayer al límite en la Diada excluyente. La sandez de algunos políticos es de tan grueso calibre que bordeamos ya los barrancos de la fractura territorial de España.
Hay un primer paso que resulta necesario negociar sin más demora. Los tres partidos constitucionalistas deben formalizar un frente común para enfrentarse al órdago separatista catalán. PP, PSOE y Cs, discrepantes en todo lo que se puede y se debe democráticamente aceptar, tienen la obligación histórica de superar la obsesión partidista y aunar esfuerzos en el trabajo por el interés general. Si se demora más tiempo esa alianza, será demasiado tarde para enderezar la crisis catalana y saltará por los aires el espíritu de la Transición, la concordia y la conciliación entre los españoles, la integridad territorial de una nación que mantiene su unidad desde hace cinco siglos.
Desgraciadamente, los analistas más sagaces no creen que Pedro Sánchez, Pablo Casado y Albert Rivera puedan ponerse de acuerdo ni siquiera para garantizar el respeto a la Constitución en toda España. Hasta ese punto hemos llegado. Que el presidente marioneta de la Generalidad, el racista Torra, se permita insinuar públicamente que no acatará las sentencias del Tribunal Supremo si no le complacen y que abrirá las cárceles para que escapen los presuntos golpistas, es una atrocidad de tal calibre que resulta difícil encontrar precedentes históricos en España por lo que respecta a gobernantes con responsabilidades de altura.
Cautivo de los votos secesionistas para mantener sus posaderas sobre la silla curul de Moncloa, zarandeado por el inteligente líder antisistema Pablo Iglesias, Sánchez no tiene otra vía política decente que renunciar al disfrute de las mieles monclovitas y convocar elecciones generales. En todo caso, antes o después de esas elecciones, resulta imprescindible la alianza de los tres partidos constitucionalistas para hacer frente al secesionismo catalán con las armas que la Constitución ha previsto, empezando por una aplicación contundente del artículo 155.

sábado, 15 de septiembre de 2018


La tesis de Sánchez no respeta los Códigos de Buenas Prácticas en Investigación

Publicado por  el Sep 15, 2018
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Estimado lector publico esta reflexión siendo catedrático de universidad y tras haber dedicado 58 años de mi vida a tan apasionante actividad.
Como seguramente sabrán, las tesis doctorales son trabajos de investigación en los distintos campos de la ciencia que se llevan a cabo en el seno de la Universidades. Desde el punto de vista académico, el doctorado es el máximo grado que otorgan estas instituciones, y convertirse en doctor habilita al autor de la tesis a entrar en el claustro de doctores que es el órgano académico por excelencia.
Como no podía ser de otro modo, el mundo de la trasparencia y de la ética propio de nuestros tiempos ha penetrado también con fuerza en el ámbito de la investigación universitaria y son muchas las Universidades que han aprobado los llamados “Código de Buenas prácticas en Investigación” (CBPI), como ha sucedido, por ejemplo, en la Universidad de Valladolid el 31 de enero de 2013.
Estos Códigos recogen una serie de normas, de carácter ético, que deben observarse al llevar a cabo cualquier trabajo de investigación y, por tanto, al enfrentarse con la realización de una tesis doctoral. A efectos de simple ilustración, permítanme que reproduzca algunos pasajes del citado Código de Buenas Prácticas de la Universidad de Valladolid, una de las más antiguas de España.
Comienza indicando el reseñado CBPI, que uno de los objetivos prioritarios de las Universidades es realizar trabajos de investigación al máximo nivel en todos los ámbitos del conocimiento, que puedan contribuir como factor de calidad al progreso del conocimiento. Más adelante señala que la ciencia, como cualquier otra actividad del ser humano, debe someterse a principios éticos merced a los cuales alcanza su dignidad como actividad específicamente humana y que tales principios son los que se recogen en los Códigos de Buenas Prácticas en Investigación. Porque “las buenas practicas en investigación son una actitud en la investigación”.
Entre los principios generales del CBPI de la mencionada Universidad, figura, en quinto lugar, el que establece que el investigador debe aceptar que la investigación tiene que ser transparente, por lo que dicho sujeto tiene que estar dispuesto siempre –se dice- a dar cuenta de sus trabajos, pues ello permite reconocer, de un lado,  la importancia de la opinión de sus pares a la hora de valorar los descubrimientos del investigador; y, de otro, el impacto social de su investigación.
Finalmente, en cuanto a la conducta personal que debe seguir el investigador al llevar a cabo su actividad investigadora, el CBPI exige que actúen con honestidad, responsabilidad, rigor, y que sea justo a la hora de  hacer referencia a los trabajos de terceros para que sean suficientemente reconocidos los méritos de éstos.
Pues bien, a la vista de lo que antecede, cualquier lector medianamente informado llega de inmediato a la conclusión de que el doctor Pedro Sánchez conculcó varios de los principios éticos que debe observar todo investigador.
Así, si investigar con “honestidad” significa, como dice expresamente el CBPI, “no practicar el plagio”, en el caso de Sánchez el solo hecho de reproducir en su tesis páginas enteras (sin que importe ahora el porcentaje sobre el total) de otros trabajos supone practicar el plagio ya que copió lo que era de la producción intelectual de otros y lo hizo pasar -lo cual es realmente grave- como propio.
Tampoco actuó con “rigor” al carecer de la precisión mínima necesaria para deslindar lo que era propio de lo que procedía de fuentes de conocimiento que eran ajenas. Y tampoco fue “justo” con los trabajos que eran de terceros que los hizo pasar como propios, lo cual, además de ignorar el mérito ajeno, impidió a la comunidad científica reconocer el merecimiento que había que atribuir a los verdaderos autores de los trabajos copiados.
Además de todo lo dicho, hay que añadir que suele exigirse a las tesis que sean originales e inéditas. Lo cual significa que deben ser el resultado de la propia actividad creadora del autor y que -aunque esto se exige en menor medida- no deben haber sido publicadas con anterioridad. Y en el caso de la tesis de Sánchez hay muchos pasajes que provienen de la creatividad de otros, y hay “autoplagio”, que si es improcedente, no lo es tanto por una cuestión de autoría, ya que lo anterior reproducido en la tesis es del propio Sánchez, cuanto porque no son pasajes inéditos al haber sido publicados con anterioridad.