martes, 15 de mayo de 2018

La culpa no es solo de Zapatero.



Lástima que relevantes personalidades de la vida española hayan tardado ocho años en darse cuenta de que detrás del talante inicial no había otra cosa que ese buenísmo infantil y seductor, en favor de las minorías, pero que a la vez era tremendamente agresivo con las mayorías sociales, con la iglesia, con la oposición y con las víctimas del terrorismo, entre otros colectivos a los que tildaron - y siguen queriendo presentar - machaconamente como de extrema derecha, de intolerantes, antipatriotas, mezquinos.

Al final del recorrido, el crédito y el prestigio (¿)del presidente es mínimo, pese a la ridícula defensa que de ZP y de sus ingeniosas ocurrencias han hecho los más mercenarios receptores de dossieres ajenos, los más sesudos columnistas de El País, los más agresivos locutores de la SER, los más bellos rostros femeninos de las dos nuevas televisiones por él concedidas (Cuatro y la Sexta) y por el favor de tanto cómico a sueldo con el humor siempre en la misma dirección.

Pero no es ZP el único culpable de que vivamos una crisis profunda-no solo económica- sino de valores, en la que se ha primado lo “moderno” sin más, lo superficial, lo anticlerical, la venganza de la guerra civil, el apoyo a otros fundamentalismos religiosos presentados como más liberales y el obsesivo empeño en presentar al hombre como un depredador y usurpador de derechos femeninos.
Se ha abusado de la negación de la evidencia y se ha utilizado hasta la naúsea la negociación con ETA hasta el extremo de que la colectiva victoria sobre el terrorismo se va a querer presentar como logro exclusivo de esta etapa final. ¡ cómo se puede permitir que los españoles hayan permitido que a su país le represente en el mundo un presidente que calificó al atentado de la T4 como “accidente” y que no fue capaz de levantarse al paso de la bandera de un país amigo.

Este es el problema real del socialismo en el poder: no gobierna para primar la eficacia, el buen orden general o la primacia del buen sentido.
Gobierna para imponer, para descalificar a quienes considera sus enemigos de siempre, para favorecer causas excluyentes, colectivos radicales, sindicalistas de pacotilla y para agradar a quienes se escudan en los más superficiales y estéticos argumentos para encubrir su mediocridad o para aducirlos como síntoma inapelable de supuesta modernidad. Y porque gobierna desde la maldad y el abuso y asi proliferan en su mandato conspiraciones de alto standing, policías que espían, ministros que cazan ciervos o jabalíes como vetustos personajes del franquismo, espías que pescan marlings, banqueros que compran periódicos, y ministros del interior que organizan o toleran la ceración de bandas paralelas de justicia y que se lucran con su atribuida prima de riesgo y que mediatizan jueces y abortan operaciones antiterroristas para favorecer un falsamente llamado proceso de paz.

Afortunadamente, y gracias a sus potentes empresas financieras, de telefonía y comunicaciones, de servicios aeroportuarios, a su eficaz gestión de asuntos públicos en muchas autonomías y ayuntamientos y a los brillantes resultados deportivos tanto colectivos como individuales, España es un país querido y respetado, pero políticamente es hoy -en los ámbitos internacionales más influyentes-una nación desacreditada por estar gobernada por políticos sin preparación, que no entienden los ingredientes del mundo moderno, ni los entresijos del liberalismo económico, ni el rigor y la exigencia debidas a la pertenencia a un sistema de moneda única, en el que la inacción, o lo que es peor la negación de una crisis puede arrastrar a otras economías. La acusación de que la culpa de la crisis era y es de los especuladores y de los genes del capitalismo financiero es de un ridículo notable y acredita que le combustible del socialismo español es el antiamericanismo, el anticapitalismo, el antiliberalismo, y la siempre eficaz película superficial de modernidad y solidaridad, ¡eso que no falte!-

Pero insisto, la culpa no es solo de Zapatero. Otros muchos son los que han propiciado que de nuevo España se gobierne por quien nos trata como sospechosos, nos vigila como a delincuentes y nos trata siempre de engañar con su fácil verbo, su fluida argumentación, su enérgica demanda de verdad, al servicio de la gran mentira.
Carlos Abella (El Imparcial)

lunes, 14 de mayo de 2018

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En Cataluña se está quebrando el respeto a las opiniones dispares



Periodismo de trinchera
Jordi Gracia 16 NOV 2012 - 00:01 CET
Del oasis catalán hace mucho tiempo que no queda rastro. El principio del fin fue la evidencia —y la ejecución de la evidencia— de un acuerdo político de izquierdas capaz de relevar del poder al partido gobernante en Cataluña durante más de veinte años, CiU. Nos hemos olvidado de esa etapa, como nos hemos olvidado del oasis, y a veces da la impresión de que vivimos en Cataluña bajo una especie de adanismo fundador que eclipsa o enmudece las razones políticas, sociales e históricas que han llevado a estos dos meses críticos, los dos meses que empezaron con una concentración nacional gigantesca el 11 de septiembre y, sin demasiado respeto por los compromisos explícitos de una democracia, desembocaron en un súbito adelanto electoral que ha condicionado la agenda política de todos.

En historia y política los giros de rumbo dictados por las movilizaciones sociales tienen poco de recomendable porque descartan los cauces jurídicos y legales: simplemente los subvierten como medios de expresión política legítima en democracia. Pero para mi gusto la secuela más nefasta de este giro es otra, más desdibujada e invisible pero ya cotidiana: no soy el único que la detecta, ni es este un artículo de hombre singularmente perspicaz. Es una aprensión que recorre numerosas columnas y artículos, de forma sinuosa y delicada, poco explícita y hasta dicha con timidez (la timidez que dicta el miedo a hacerla crecer solo con nombrarla). Pero la percepción de una impunidad verbal y retórica creciente y la quiebra del respeto convencional a las convicciones dispares está siendo registrada por muchos. Es una fractura de la complicidad social y democrática porque hay una trinchera recentísima, aguda y abrupta: o se es independentista o no se es, o se pertenece al bloque soberanista o se está fuera de él, no sé si a la intemperie, pero desde luego fuera de lugar.

Si hoy en Cataluña no se es independentista, ni por sentimiento ni por razón ni por convicción, se es automáticamente aguafiestas antipático y descreído ante un sueño colectivo que expresa como nada la mirada sostenida de Mas en su antológico cartel publicitario. Los nombres de esos articulistas felizmente aprensivos son de honda y potente relevancia, aunque parezcan ausentes o inoperantes en el escenario público o aunque parezca que no forman parte del discurso crítico y analítico sobre el presente. Estoy hablando de columnas y artículos que aparecen en periódicos como La Vanguardia y EL PAÍS, también en El Periódico, incluso en Ara o El Punt-Avui.

El aire viciado del periodismo de Madrid se ha acercado al catalán

Es una percepción intimidatoria y es quizá el resultado más inmediato del fin de la ambigüedad, como la ha llamado Jordi Amat en La Vanguardia. El fin de la ambigüedad está deteriorando día a día los tejidos invisibles de concordia y complicidad que hicieron de la sociedad catalana un espacio de estratos, ángulos, niveles y expresiones complejas, cruzadas, mestizas y oscilantes, donde nada tenía por qué estar tajantemente claro porque el espacio de definición política era más vasto y flexible, más civilizadamente dúctil y negociable.

Hoy se ha polarizado acelerada y artificiosamente y está exigiendo de la gente que se ponga en una u otra trinchera, en uno u otro bando, como si de veras la realidad social de este país pudiese dirimirse en relación con ese eje a toda velocidad. O como si hubiese saltado por fin el tapón que permite la expresión en libertad de un deseo político. El efecto de estilo y actitud que esta percepción ha tenido en el articulismo o en las tertulias pasa por acentuar la irritación, perdonar el desplante, condenar sin remilgos la postura contraria. Más de una y de dos respuestas desde Cataluña al manifiesto que EL PAÍS publicó en defensa de la continuidad de Cataluña en España han sido indefendibles y hasta con brotes de resentimiento. Alguno, como el profesor Joan Ramon Resina, no es capaz de encontrar entre los trescientos a nadie “que un catalán pueda sinceramente llamar amigo”. Sin embargo, no resulta fácil ocultar que cada cual tuvo el derecho a decidir durante más de 30 años la opción más o menos independentista o más o menos catalanista o más o menos dura o blanda, porque estaban todas en el mercado electoral.

Hoy el mercado simbólico se ha reducido a una sola, como si las respuestas múltiples no fuesen lo que una sociedad saludable demanda a su vida política.

El fin de la ambigüedad nos instala en el maniqueísmo, aunque los mismos que lo impulsan sepan que nada es blanco y negro. Y eso es lo peor: que el mal estará ya hecho, porque en estos dos meses se ha trabajado a fondo para favorecer unas trincheras que no existían, unas radicalidades que la mayoría no echaba de menos, unas creencias que eran compatibles con las de los otros. Hoy ya no. El clima político y mediático está forzando a posiciones militantes y extremadas, está tensando el discurso público pero también el privado, está exigiendo de cada cual una definición categórica de posturas políticas e ideológicas. No es esa la mejor atmósfera para una democracia adulta porque va a dejar un rastro diseminado en la conciencia colectiva en forma de agravios y de ofensas, de desplantes y de malsonancias que tardarán en perdonarse porque ahora se han hecho munición retórica combustible.

El deterioro del respeto democrático es el primer resultado del proceso soberanista

Una fuente cierta para verificar este cambio de tono, este nuevo mal tono, este encastillamiento en un lado frente a quienes están en otro lado, es un sector creciente del columnismo de prensa y la crónica periodística que ha ido adquiriendo una pátina de desprecio y manipulación de las posiciones no soberanistas de la que no había costumbre. Es el nuevo tono que no se arredra ante la pura incorrección civil o la descalificación impune. Mientras leo o escucho algunas de esas tribunas resucita el disgusto y el asombro que la corte mediática más derechizada y monolítica nos despertaba (a todos) escuchando la Cope, leyendo algunas columnas de El Mundo o el Abc, o espantándonos ante las pantallas tóxicas de Intereconomía.

Para quienes no creemos que la independencia contribuya tanto a resolver problemas como a resucitar algunos antiguos y crear otros nuevos, lo intranquilizador de veras es la nueva legitimidad del periodismo de trinchera. Ha ido acercando a la prensa de Cataluña el aire viciado de crispación, intemperancia e insolencia argumental que fue patología de una etapa nefasta del periodismo escrito, televisivo y radiofónico de Madrid (y que aun sobrevive).

No sé a dónde va el poder en Cataluña ni si la independencia hará más felices a las personas; lo que es seguro es que el deterioro del respeto democrático a la discrepancia es el primer resultado indeseable de haber alterado, en cosa de días, el programa político e ideológico de un partido de gobierno elegido hace menos de dos años.

Jordi Gracia es profesor y ensayista. Su último libro se titula Burgesos imperfectes. L’ètica de l’heterodòxia a les lletres catalanes del segle XX (La Magrana).

viernes, 19 de enero de 2018

Lo que Mas debe explicar

 


Lo que Mas debe explicar

MARÍA JESÚS CAÑIZARES / BARCELONA

Día 02/09/2015 - 01.37h

Las incógnitas sobre la corrupción en CDC que el presidente catalán deberá responder hoy en el Parlament

EFE

El presidente de la Generalitat, Artur Mas

Artur Mas eligió un mal día para comparecer en el Parlamento catalán y explicar el carácter «plebiscitario» de las elecciones autonómicas del 27-S. El presidente catalán pretendía utilizar la Cámara catalana para dar su primer «mitin», pero los registros efectuados por la Guardia Civil el pasado viernes en la sede de Convergència, han alterado sus planes.

Mas deberá dar explicaciones hoy sobre la supuesta financiación irregular de su partido a través de comisiones procedentes de la adjudicación de obra pública. Todos los grupos parlamentarios han pedido que el orden del día se amplíe para interrogar a Mas sobre este asunto, incluidos los de CDC y ERC, que lo hicieron a regañadientes. Estas son algunas de las cuestiones que saldrán a relucir en la sesión.

 

Responsable del partido

Los registros efectuados en la sede de Convergència y de la fundación CatDem, vinculada a este partido, forman parte de una investigación sobre el supuesto pago de comisiones de la empresa Teyco, controlada por la familia de Carles Sumarroca -cofundador de CDC-. Estos «mordidas» se remontan a la época en que Artur Mas era secretario general de Convergència y, por tanto, responsable del funcionamiento del partido. Quienes conocen al líder nacionalista aseguran que se trata de una persona concienzuda que le gustaba tener el control de la gestión de CDC.

 

Tres décadas de corrupción

La llamada «operación Petrum» , que dio lugar a los registros del pasado viernes, se suma a un rosario de casos de corrupción que afectan a CDC, como el que hace referencia a los negocios turbios de la familia Pujol o el expolio del Palau de la Música, cuya instrucción destapó las comisiones pagadas por la constructora Ferrovial a la Fundación Trias Fargas (tras el escándalo, pasó a llamarse CatDem).

 

Control de la obra pública

Artur Mas deberá aclarar si, a lo largo de su trayectoria como consejero jefe, consejero de Economía y consejero de Política Territorial durante la Gobierno de Jordi Pujol, estuvo al corriente del pago de esas comisiones. Entre 1995 y 1997, período en el que se convirtió en el máximo responsable de la obra pública catalana, Mas gestionó 2.129 millones de euros. El propio Mas ha confesado que Pujol era su «padre político» y que la relación fue muy estrecha.

 

Relaciones con Sumarroca

La familia Sumarroca, ahora en el foco de la Justicia, ha sido una de las principales beneficiadas de la obra pública catalana desde los años ochenta. Sus empresas -Teyco y Emte- han acaparado los contratos públicos, también bajo el mandato de Mas. Así, durante 2013 y 2014,ambas empresas se hicieron con 43 contratos por valor de 24,9 millones de euros. Los grupos parlamentarios preguntarán al dirigente convergente el motivo de esa preferencia por los Sumarroca.

 

Depurar responsabilidades

Tras destaparse la financiación irregular de CDC a través del Palau de la Música, la fundación Trias Fargas cambió de nombre y pasó a llamarse CatDem. Hubo cambio de imagen, pero apenas se depuraron responsabilidades. Solo el tesorero del partido, Daniel Osácar, fue apartado de su cargo. La oposición quiere saber qué medidas ha adoptado Mas para garantizar que estos episodios no vuelvan a repetirse.

 

La actividad del extesorero

A pesar de estar inculpado en el caso del Palau de la Música y que se enfrentará a una petición de condena de 7 años y medio cuando llegue a juicio, Daniel Osácar sigue vinculado al partido, donde se dedica a reclamar el pago de cuotas a los militantes morosos. Utiliza el despacho del exalcalde de Barcelona, Xavier Trias. Ambos han sido acusados de tener una cuenta en Suiza, algo que no se ha demostrado.

 

La hija del extesorero

Tras el cese de Osàcar como tesorero a raíz del caso Palau, su hija Mónica fue nombrada responsable de publicidad institucional de la Generalitat, cargo por el que cobra 64.485,12. Un reconocimiento implícito a la lealtad del extesorero, a quien Mas abrazó tras ganar las elecciones de 2012.

 

La tapadera de la secesión

Las últimas revelaciones sobre la presunta financiación irregular de Convergència se producen cuatro semanas antes de que se celebren las elecciones del 27-S. Las siglas de este partido han sido diluidas en una candidatura conjunta denominada Junts pel Sí, claramente posicionada a favor de la independencia de Cataluña. La oposición reprochará a Artur Mas que pretenda distraer la atención respecto a esas supuestas corruptelas mediante un proyecto secesionista, liderado por el exeurodip

jueves, 16 de febrero de 2017

La invasión partidista de la cajas de ahorro ha sido ruinosa e ilegal


Joaquin Leguina  20 julio 2012 Tribuna El País.
Uno de los mayores disparates cometidos contra el prestigio de la democracia en España ha venido de la mano de los partidos políticos, que han invadido la actividad de órganos legalmente autónomos (Tribunal Constitucional, Consejo General del Poder Judicial…), entre los que se incluye la ruinosa invasión partidista de la cajas de ahorro.
Lo más bochornoso del caso ha consistido en aprobar leyes que hacían impecablemente autónomos a esos órganos para, de inmediato, incumplir esas leyes y entrar a saco en las instituciones sin que nadie —ni dentro ni fuera de los partidos— lo denunciara por ilegal. Mas ahora, cuando el desastre de, por ejemplo, Caja Madrid, ha entrado en la vía judicial, parece llegado el momento de cobrar la cuenta de tan larga fiesta a quienes han sido responsables de decisiones no solo indecentes desde el punto de vista de la economía de la empresa, también desde el punto de vista moral y legal.
Y conviene no equivocarse ni en las personas ni en el tiempo, porque la ruina de Caja Madrid no comenzó ni con la crisis ni con la salida de Bankia a bolsa. Se inició con el pacto firmado el 6 de septiembre de 1996 entre el Partido Popular y Comisiones Obreras que llevó a Miguel Blesa a la presidencia de la Caja. Comenzaba así:
No existe en el mundo una sola organización que admita que se le dicte lo que debe hacer desde fuera de sus propios órganos
“Reunidos D. Ricardo Romero de Tejada, secretario general del Partido Popular de Madrid, y D. Francisco Javier López, secretario de Política Institucional de la Unión Sindical de Madrid-Región de Comisiones Obreras, actuando ambos en nombre y representación, tanto de sus respectivas organizaciones regionales, como del conjunto de consejeros que por parte del Partido Popular y de CC OO forman parte de los órganos de gobierno de la Caja de Madrid, Acuerdan…”
El Sr. Romero de Tejada y el Sr. López actuaron simultánea y respectivamente como representantes del PP y de CC OO, haciéndolo en asuntos que afectaban directamente a la administración, gestión financiera y representación de la Institución, declarando actuar —así está escrito— en representación del PP y de los miembros del Consejo nombrados a propuesta del partido político y del sindicato. Una delegación que era y es ilegal. Fue así como desbancaron a toda prisa de la presidencia de la Caja a quien había sido elegido para ese cargo por unanimidad tan solo unos meses antes de ese pacto. ¿Por qué fue ilegal ese acuerdo?
Porque la ley de Cajas de la Comunidad de Madrid entonces vigente (también la actual) recogía en el artículo 22.2 lo siguiente:
“Los miembros de los Órganos de Gobierno actuarán con plena independencia respecto de las entidades y colectivos que los hubieran elegido o designado, los cuales no podrán impartirles instrucciones sobre el modo de ejercer sus funciones. Solo responderán de sus actos ante el órgano al que pertenezcan y, en todo caso, ante la Asamblea General”.
Los actuales estatutos de la Caja reproducen en su artículo 7.2 este principio legal y lo mismo hacían los anteriores estatutos en su artículo 10.
Un consejero no podía —ni puede— comprometerse u obligarse con nadie, tampoco con su partido político ni con su sindicato, respecto de su actuación en el Consejo de Administración, pues atentaba (y atenta) contra la independencia y autonomía de la Caja y subvierte los principios de su buen gobierno. Estamos ante una perversión descomunal que el mínimo respeto a las instituciones y a las leyes hubiera debido impedir. No existe en el mundo una sola organización que admita que se le dicte lo que debe hacer desde fuera de sus propios órganos y eso es, precisamente, lo que ha pasado en las Cajas, en general, y con la de Madrid, en particular.
El Consejo de Administración de la Caja, como órgano colegiado, no conoció aquel pacto y por ello no pudo debatir ni acordar acerca de su contenido, pero, eso sí, se ha visto sometido a esa ilegalidad permanentemente. Una acción capitaneada por el señor Blesa y secundada por su leal escudero José A. Moral Santín, de Izquierda Unida.
No menos chocante, dentro de esta conspiración, ha sido el hecho de que los órganos de control de la propia Caja, los de la Comunidad de Madrid y los del Banco de España no hayan intervenido nunca para impedir esa tropelía continuada. Estas prácticas ilegales de los dos grandes sindicatos (UGT también entró en ese juego) y del tándem IU-PP deberían haber sido cortadas de raíz.
Por lo tanto, si se quiere aclarar este gravísimo asunto de Caja Madrid y castigar, si fueran constitutivas de delito, algunas conductas, el juez Andreu y el Parlamento tendrían que empezar por el principio y por las dos personas que han llevado a la Caja de Ahorros y Monte de Piedad hasta la ruina: Miguel Blesa y José A. Moral Santín.
Y si alguien me recuerda que fui presidente de la Comunidad de Madrid, ha de saber que los consejeros cooptados por el PSOE o los sucesivos presidentes de la Caja de aquella época jamás recibieron de mí orden alguna. Eran los tiempos en que la Caja estaba gobernada con solvencia profesional y ganaba mucho dinero.
Joaquín Leguina es economista y fue presidente de la Comunidad de Madrid.

martes, 2 de junio de 2015

Esquema de la guerra civil: 1936 - 1939

LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA (1936 – 1939)

1.- La sublevación militar.
·           El golpe militar del 18 de julio de 1936: Preparación tras la victoria electoral de la izquierda del Frente Popular de 1936.
·           Triunfo del golpe militar: Marruecos, Islas, Andalucía Occidental (Sevilla, Cádiz), Cáceres, Castilla y León, Galicia, Aragón. España agrícola y atrasada.
·           Fracaso del golpe militar: Madrid, Castilla-La Mancha, Badajoz, Andalucía Oriental, Murcia, Valencia, Cataluña. España industrial y moderna.
2- El desarrollo de la guerra.
·           Primera Fase (1936): Inicio de la guerra y avance hacia Madrid: Puente aéreo, toma de Badajoz (la represión), toma de Toledo, llegada a Madrid. Fracaso en la toma de Madrid. ¡No pasarán!
·           Segunda Fase (1937): La campaña del Norte. Las tropas franquistas toman Bilbao, Asturias y Santander. Fin del frente Norte. Toma de Málaga en febrero de 1937. La represión de Málaga en la carretera de Almería.
·           Tercera Fase (1938): División de la zona republicana en dos zonas. Las tropas franquistas llegan al Mediterráneo (Vinaroz – Castellón). Cataluña queda aislada de la zona republicana. Batalla de Teruel. Batalla del Ebro. Fracaso y derrota republicana. La conferencia de Munich (1938). Retirada de las Brigadas internacionales.
·           Cuarta Fase (1939): Fin de la guerra. Triunfo de los franquistas, derrota de los republicanos. Toma de Cataluña (enero de 1939). Éxodo de los republicanos a Francia (Muerte de Antonio Machado). División de los republicanos entre los partidarios de Casado (negociación y finalizar la guerra) y los partidarios de los comunistas y Negrín (resistir, aguantar la guerra hasta el inicio de la II guerra mundial). Fin de la guerra (1 de abril de 1939).
3.- Evolución de las dos zonas durante la guerra.
·           La zona republicana: Disolución del ejército. Las milicias. La creación del gobierno popular. Los débiles gobiernos republicanos (Casares Quiroga, Giral), El gobierno de Largo Caballero, El gobierno de Negrín. Las colectivizaciones. El enfrentamiento entre comunistas y anarquistas (POUM).
·           La zona franquista: Dictadura franquista. Unificación política (F.E.T. de las Jons: Falange Española tradicionalista de las Jons).
4.- La dimensión internacional del conflicto.
·           El apoyo de las potencias fascistas al bando franquista. Apoyo de la Alemania nazi (Hitler) y la Italia fascista (Mussolini) a Franco. El apoyo de Portugal (Oliveira Salazar).
·           La farsa y la vergüenza el Comité de No Intervención. El papel de Gran Bretaña y Francia en la farsa del comité de No intervención.
·           El apoyo de la Unión Soviética a la República. El apoyo de Méjico (general Lázaro Cárdenas).
·           Las Brigadas internacionales.
5.- Las consecuencias de la guerra civil
·           Demográficas: Medio millón de Muertos. Los exiliados. La pérdida de los intelectuales, los científicos y la gente preparada.
·           Económicas: Destrucción del país. No se recuperan los niveles económicos de 1935 hasta 1953. Casi 20 años después.
·           Sociales: Dominio de los oligarcas (terratenientes, capitalistas). Pérdida de todos los derechos y libertades de los trabajadores y clases populares. La hegemonía social de la Iglesia. El control de la Iglesia en la Educación, moral y costumbres. El Nacional catolicismo.
·           Morales: Represión y sometimiento de los vencidos. Holocausto español.


sábado, 17 de enero de 2015

LAS CLAVES DE LA 'OPERACIÓN DE GAULLE'.

'El 23-F, el rey y su secreto'. Por Jesús Palacios

El período de la Transición política española ha sido analizado desde diferentes ángulos y perspectivas a lo largo de estos años, en forma de memorias, crónicas, ensayos y relatos históricos. Diversos políticos que tuvieron su propio protagonismo en la citada etapa, así como periodistas, analistas e historiadores, han dejado escritos sus testimonios.

Dicho período ha interesado por la forma en que se condujo el tránsito del régimen autoritario hacia la democracia y, especialmente, por el intento de golpe de estado del 23 de febrero de 1981, que sin duda alguna marcó el punto de inflexión en la misma.

De la Transición en su conjunto, se ha hecho hincapié en Adolfo Suárez y, singularmente, en el protagonismo del rey Juan Carlos, verdadero artífice de la misma. Cuando estamos a punto de cumplir los 35 años de la coronación de don Juan Carlos de Borbón y Borbón, y los 30 años de aquella jornada del 23-F, me ha parecido un momento adecuado para hacer un estudio de aquel período, de sus circunstancias políticas y de sus máximos protagonistas.
Éstas son las razones principales que motivan este ensayo.
Lo he centrado fundamentalmente en aquellas horas intensas del 23 de febrero de 1981 vividas por el monarca desde Zarzuela, porque don Juan Carlos no ha sido sólo el máximo protagonista de la Transición, (...) también lo fue en aquella jornada del 23-F, en la que tuvo su momento decisivo.

La figura de Suárez –y sus decisiones políticas– la analizo desde (...) su plena sintonía con el rey hasta el tiempo del profundo distanciamiento de la corona con el presidente, que condujo inexorablemente a la jornada del 23-F. Igualmente, dedico algo más que un capítulo al papel desarrollado por las fuerzas armadas en su conjunto, que desde el inicio de la Transición cerraron filas en torno al rey, y le fueron absolutamente leales en todo momento y circunstancia. Incluido el 23-F. También enjuicio el papel que jugaron las diferentes fuerzas políticas durante la crisis del suarismo y de la UCD, especialmente la actitud de los dirigentes del Partido Socialista, a quienes, en su afán de llegar al poder cuanto antes, no pareció importarles demasiado aceptar fórmulas delicadas y peligrosas o de difícil constitucionalidad.
A lo largo de esta obra sostengo que lo que derivó en el 23-F no fue un intento de golpe de involución, sino una operación especial de corrección del sistema, que fue ampliamente consensuada con la nomenclatura (...) política e institucional. Y con el beneplácito de la administración norteamericana y del Vaticano.
Todo ello fue debido a que, una vez producido el divorcio Suárez-don Juan Carlos, se fueron alzando numerosas voces desde dentro del propio sistema reclamando la apertura de un nuevo consenso, un nuevo pacto político, para reconducir el proceso de la Transición hacia una nuevas vías democráticas de desarrollo político. La frase "España necesita un golpe de timón", que popularizó el veterano político catalán Josep Tarradellas, llegó a sintetizar dichas aspiraciones. El objetivo principal era corregir el proceso autonómico, reformar el Título Octavo de la Constitución y cambiar la Ley Electoral, que primaba de forma escandalosa y antidemocrática a las formaciones políticas de los nacionalismos vasco y catalán, principalmente, a las que otorgaba un desmesurado protagonismo.
Sobre Suárez recayó la crítica de su entrega al nacionalismo (don Juan Carlos llegó a calificar de "suicida" su política autonómica) mediante la concesión de las preautonomías y del término nacionalidades; se le acusó de impulsar el Título Octavo de la Constitución y de favorecer los estatutos de Cataluña y del País Vasco sin que hubiera previamente una integración sólida en el conjunto de España por una idea global de nación, de un proyecto común compartido. Y los partidos nacionalistas encontraron que, a través de la disparatada representación que les concedía la Ley Electoral, y (...) explotando su pueril victimismo histórico, podían ejercer permanentemente un chantaje al gobierno del Estado a cambio de apoyos puntuales para obtener más privilegios y, siempre, mayores cuotas de autogobierno (...).

La operación especial 23-F, que entre otras razones se llevó a cabo para corregir dichas desviaciones y excesos peligrosos, fracasó al no conseguir que saliera adelante la formación de un gobierno excepcional, integrado por representantes de todas las formaciones del arco parlamentario –excepto las nacionalistas–, que estaría presidido por el general Alfonso Armada Comyn y cuyo vicepresidente hubiera sido Felipe González, secretario general del Partido Socialista. Armada había sido preceptor de don Juan Carlos y secretario de la Casa del Rey, y en todo momento un hombre leal a Su Majestad y a la corona.
Pero, pese a su fracaso real, el 23-F mantuvo sus efectos en toda la clase política y la nomenclatura del sistema a lo largo de varios años, en lo que yo llamo "el golpe de estado sicológico", paralizando en parte las desmesuradas exigencias nacionalistas, pero tan sólo en parte, porque, ante la debilidad mostrada por los diferentes gobiernos del Estado, los partidos nacionalistas catalanes y vascos siguieron clamando por su normalización en contra del resto de España. (...) continuaron presionando para ir alcanzando mayores cuotas financieras, (...) la prevalencia de su lengua en contra de la lengua española, común para todos; practicaron la confrontación de los símbolos en la guerra de las banderas, exaltando la senyera y la ikurriña frente a la (...) rojigualda (...); desarrollaron una educación sectaria, fomentando el odio hacia lo español y, en definitiva, practicando la invención o acomodación de una historia tan dogmática como falsa, a fin de justificar sus continuas afrentas al resto de España.
Y si bien es cierto que Suárez fue quien abrió la lata autonómica de las nacionalidades, también lo es que los sucesivos presidentes la mantuvieron abierta (...), incluso trasfiriendo más competencias a los nacionalismos, fuese con mayorías gubernamentales absolutas o relativas. Pero, en todo caso, ha sido con el presidente José Luis Rodríguez Zapatero con quien se ha desatado una carrera febril autonomista-nacionalista sin freno, decantada abiertamente hacia el secesionismo. De ahí que entre las figuras de Suárez y de Zapatero se pueda establecer un paralelismo histórico (...).

Suárez se lanzó de forma harto improvisada a la construcción del Estado de las autonomías, que no tenía precedente alguno en el derecho constitucional comparado. Y Rodríguez Zapatero se ha embarcado en la concesión de nuevos estatutos de mayor autogobierno por intereses exclusivamente partidistas y de poder y, en todo caso, espurios. Zapatero, en su afán de aislar a la oposición e impedir su alternancia en el poder (recuérdese la figura del "cordón sanitario"), ha ido mucho más lejos, llegando a identificarse con el discurso del nacionalismo identitario y secesionista, cuestionándose el concepto de nación, "discutido y discutible", hasta inventarse la "nación política, sociológica y histórica". Todo ello es debido a que tanto la cuestión de las autonomías como la de los nacionalismos siguen abiertas y sin resolver.
La exacerbación nacionalista viene provocando que, desde el asesinato del almirante Carrero Blanco, España sea un país presionado por el terrorismo de ETA, chantajeado por el nacionalismo vasco y catalán más reaccionario y secesionista, y secuestrado por una clase política oligárquica, que resulta ser absolutamente incompetente (...) en el servicio a la sociedad pero que se muestra resuelta y ávida para luchar por sus sectarios intereses de poder. De ahí que para nada resulte extraño que la sociedad en su conjunto vea a la clase política –tanto de la izquierda como de la derecha– no sólo distante y alejada, sino como el segundo de sus problemas principales. Exclusivamente, como una secta de poder.


Hace casi diez años publiqué un primer estudio sobre la Transición y el 23-F. Dicho trabajo apareció con el título 23-F: el golpe del Cesid y, a juicio de numerosos historiadores, analistas y periodistas, supuso una notable contribución para el esclarecimiento de aquellos hechos. Pero a mí (...) me supuso que el general Javier Calderón, director general del servicio de inteligencia por entonces, (...) presentara una querella criminal, al estar disconforme con el papel que, a mi juicio, tuvo en los hechos del 23-F. Afortunadamente para mí, dicha querella se resolvió en la doble vía judicial; tanto ante el juzgado de primera instancia como ante la audiencia provincial, con todos los pronunciamientos favorables hacia mí.