lunes, 5 de noviembre de 2012

Más de Cataluña sobre la iniciativa de Mas.

 Varios centenares de intelectuales y profesionales han firmado en Cataluña un llamamiento a favor de la izquierda y del federalismo para responder al creciente secesionismo estimulado por Convergència i Unió, desde el Gobierno de la Generalitat, así como por otras fuerzas políticas de afinidad nacionalista.
Queremos atender esa llamada porque los promotores de una independencia inmediata de Cataluña aducen beneficios obviando penosas consecuencias para todos. Además se eximen de responder a los ingentes problemas que, como europeos, como españoles, como ciudadanos de una comunidad autónoma y como vecinos de un municipio, nos plantea la crisis económica y la incapacidad que aquí y en Europa se advierte para adoptar decisiones válidas. Añadir una propuesta de secesión augura, bajo el pabellón de un nacionalismo exacerbado, el desbordamiento a corto plazo del malestar social al que nos viene arrastrando el súbito empobrecimiento y el vértigo de la desesperanza de un número creciente de ciudadanos.

Los independentistas convierten su particular idea de España en el chivo expiatorio sobre el que cargar todos los malestares. Abonan así el terreno a la exigua minoría que, desde el resto de España, se propone hacer otro tanto con su particular idea de Cataluña. La afirmación de que España perpetró agresiones contra Cataluña es una desgraciada manipulación del pasado, que olvida deliberadamente cómo en los conflictos y guerras civiles en los que todo el país se vio envuelto, los catalanes, al igual que el resto de los españoles, se dividieron entre los diferentes bandos.
Ni Cataluña está sometida a un expolio por parte de España, ni el común de los españoles alberga sentimiento alguno de menosprecio hacia ella. Bien al contrario: Cataluña suscita afecto, admiración y reconocimiento, entre otras razones porque sin ella, sin su lengua, sin su cultura y sin su aportación solidaria, no puede entenderse la España democrática. Las fuerzas políticas que han abrazado el independentismo calculan que, dada la drástica reducción de los recursos del Estado y los padecimientos de la crisis, sería llegada la hora de pugnar por sus aspiraciones maximalistas, sin atender al orden constitucional pactado por todos.
En Cataluña existe un profundo sentimiento nacional, del que el resto de los españoles es plenamente consciente. De ahí que sostengan con firmeza que haya de ser reconocido e integrado de nuevo en el seno de instituciones compartidas. No obstante, si ese sentimiento de forma mayoritaria se manifestara contrario de modo irreductible y permanente al mantenimiento de las instituciones que entre todos nos dimos, la convicción democrática nos obligaría al resto de los españoles a tomarlo en consideración para encontrar una solución apropiada y respetuosa: los ciudadanos de Cataluña tienen que saber que este es nuestro compromiso irrenunciable. Pero tienen que saber también que en el resto de España y en la misma Cataluña hay muchas voces que reclaman seguir avanzando juntos.
El programa de construcción nacional incentiva a los independentistas a sentirse víctimas de una opresión por parte de España, a rechazar la toma en consideración de las propuestas de entendimiento y a silenciar o relegar a todos aquellos ciudadanos catalanes que no suscriban ese programa de secesión. La transición de la dictadura a la democracia se hizo de la ley a la ley pasando por la ley. Ahora, paradójicamente, los independentistas para llevar adelante su denominada transición nacional se proponen violentar la ley democrática, hecha por todos y para todos, con el propósito de alumbrar una ley nueva, hecha solo por los que se sienten llamados a una misión sin contar con los demás. En la aritmética política sucede que el orden de los factores altera el producto.
Ni España ni la Constitución de 1978 ni el Estatut de 2006 niegan a los ciudadanos de Cataluña ejercer su derecho a decidir; son los partidos que apoyan la fulminante independencia de Cataluña quienes confunden las opciones al concurrir, una tras otra, a las citas electorales con programas edulcorados, indoloros y sin coste político, social o económico alguno, pensando ampliar así sus apoyos en las urnas.
Es preciso que CiU y otras fuerzas de afinidad independentista asuman sus graves responsabilidades en la equivocada gestión de la presente crisis económica y en los abusos en que incurrieron y dejen de exculparse bajo el supuesto expolio perpetrado por España. Esa estrategia de exculpación les ahorra el debate económico y social que necesitan tanto Cataluña como el resto de España, exacerbando y absolutizando, en su lugar, un debate nacional y nacionalista.
Consideramos, además, que todas las fuerzas democráticas deberían sumarse en la búsqueda de un mejor encaje institucional para Cataluña, de una financiación más justa y de una federalización del deteriorado Estado de las autonomías, que inscriba en su norma suprema la solidaridad interterritorial y los criterios de su aplicación compatibles con el esfuerzo común de todos y el principio de ordinalidad. Por ese camino podremos seguir ampliando las cotas de libertad, igualdad, progreso y respeto mutuo logradas con la Constitución de 1978.


 Algunos firmantes del texto
    Aguilar, Miguel Ángel. Periodista.
    Alberdi, Inés. Catedrática.
    Almodóvar, Pedro. Cineasta.
    Alvarez Junco, José. Catedrático.
    Arregi, Joseba. Exprofesor de la UPV y exconsejero de cultura del Gobierno Vasco.
    Azúa, Félix de. Escritor.
    Barreiro, Belén. Socióloga.
    Caballero Bonald, José. Escritor.
    Cajal, Máximo. Embajador de España.
    Casanova, Julián. Historiador.
    Cortés, Matías. Catedrático de Derecho Financiero.
    Croissier Batista, Luis Carlos. Economista.
    Eguiagaray, Juan Manuel. Economista.
    Goytisolo, Juan. Escritor
    Grandes, Almudena. Escritora.
    Guelbenzu, José María. Escritor.
    Juliá, Santos. Historiador.
    Laborda, Juan José. Senador constituyente.
    Lindo, Elvira. Escritora. Madrid.
    López, Cayetano. Director del CIEMAT.
    Luna, Álvaro de. Actor.
    Mariscal, Javier. Diseñador.
    Martín Pallín, José Antonio. Magistrado Emérito del Tribunal Supremo.
    Martínez Reverte, Javier. Escritor.
    Martínez Ten, Carmen. Pta. Consejo Seguridad Nuclear.
    Moneo, Rafael. Arquitecto.
    Muñoz Molina, Antonio. Escritor.
    Ontiveros Baeza, Emilio. Catedrático.
    Probst Salomon, Barbara. Escritora.
    Quadra Salcedo, Tomás de la. Catedrático.
    Querejeta, Elias. Productor de cine.
    Rábago, Joaquín. Periodista.
    Recalde, José Ramón. Ex consejero Gobierno Vasco.
    Ridao, José María. Diplomático y Escritor.
    Rubio Llorente, Francisco. Catedrático Derecho Constitucional.
    Sánchez-Gijón, Aitana. Actriz.
    Solchaga, Carlos.
    Vargas Llosa, Mario. Escritor.




El presidente de la Generalidad y candidato de CiU a la reelección, Artur Mas, ha dicho hoy que "ni los tribunales ni la Constitución" podrán parar el proceso soberanista en Cataluña. Además, aseguró que "irán a por mí". "Querrán desestabilizar el proceso y desestabilizarme", agregó.
Durante un acto de apoyo electoral de miembros de la sociedad civil a Mas, este ha pedido una "mayoría excepcional" para un "momento excepcional" y ha asegurado que en las próximas elecciones habrá gente que dará a CiU votos que sean "prestados" para sacar adelante su proyecto. "No se puede encabezar un proyecto de esta magnitud sin un liderazgo fuerte", ha subrayado.
Ha asegurado, sin concretar más, que siempre que sea necesario CiU "dará un paso atrás a favor" de este proceso, iniciado para que Cataluña pueda llegar a tener un estado como los otros de Europa, porque el proyecto va mucho mas allá de cualquier formación política y de cualquier persona, y su partido es un "instrumento" a favor del mismo.
Durante su discurso, el candidato de CiU y presidente de la Generalitat ha afirmado que Cataluña vive "momentos excepcionales", de lo que fue plenamente consciente durante la celebración de la última Diada, en la que una "riada" de gente salió a la calle para decir "basta" y apuntarse a un "proyecto de ilusión colectiva" y que, entonces, decidió ponerse "al lado de la gente".
Ha pedido que la voz de la calle "se transforme en votos en las urnas porque "nos jugamos mucho", y para que quede claro que en aquella manifestación no había "manipulación" ni "deriva nacionalista", sino una mayoría social para que Cataluña llegue a tener un estado como cualquiera de los que hay en Europa.
Mas ha asegurado que ha llegado el momento de ejercer el derecho a la autodeterminación, que los catalanes no han podido disfrutar en tres siglos.
Ha pedido a la gente que "no tenga miedo" porque, si en las próximas elecciones catalanas se demuestra que hay un "clamor del pueblo", el proceso de Cataluña no lo podrá para nadie. "Esto es lo que nos jugamos en las urnas", ha añadido.
"Si hay una mayoría rotunda y clara del derecho a decidir y de tener instrumentos de Estado, no se podrá pasar por alto el resultado del 25-N", ha dicho Mas, quien ha insistido en que por eso interesa un resultado "contundente" para que a España y a Europa les quede claro lo que Cataluña quiere.
También ha apuntado que ante los "ataques, provocación, insultos y amenazas" hay que responder con "serenidad" porque los que quieren llevar este debate al "terreno de la bronca" ganan en esta estrategia, pero "en el terreno de la democracia, ganamos nosotros".
Ha advertido de que este proceso puede ser más complicado de lo que parece y "no es fácil" liderarlo porque hay gente que intentará desestabilizarlo, y ha insistido en que espera seguir con este proyecto hasta el final mientras tenga al pueblo a su lado.
Ha considerado "legítimo" que haya gente que diga que ha convocado elecciones anticipadas para no hablar de los recortes, cosa que ha negado, aunque ha dicho que los que prometen que no habrá más recortes "están engañando" y ha insistido en que el compromiso de CiU es hacer que Cataluña tenga instrumentos para tomar sus propias decisiones y más recursos.
Mas ha dicho que lo primero que hará después de las elecciones será convocar a todos los partidos políticos para "consensuar la hoja de ruta de Cataluña".





Tras el manifiesto "federalista" publicado el domingo por El País, este lunes le toca el turno a El Mundo, diario en el que destacados intelectuales han firmado otro documento en apoyo a la unidad de España, que, a diferencia del diario de Prisa, no sólo es "a favor de la izquierda".
El manifiesto supone "un paso al frente" para responder al reto secesionista de Artur Mas, defendiendo el respeto al ordenamiento jurídico y al marco de convivencia establecido por la Constitución como único cauce. Este documento surgió por iniciativa del ex secretario general del PSE Nicolás Redondo Terreros, y ha sido firmado por 40 personalidades, algunas de ellas también firmantes del de El País.
Entre otros, destacan firmas como Antonio Elorza, Juan Pablo Fusi, Fernando Savater, Francesc de Carreras, Carmen Iglesias, José Félix Tezanos, Maite Pagaza, Jon Juaristi, Enrique Gimbernat, Jorge de Esteban, Manuel Jiménez de Parga, Santiago González y Arcadi Espada.
Terreros ha explicado a El Mundo que el manifiesto surgió para encontrar un texto que sirviese como "punto de encuentro" que representase la "posición central mayoritaria" a la izquierda y a la derecha, y que reivindicase "el ámbito de la concordia" que se cimenta en la Constitución. El debate podrá ser firmado por cualquier ciudadano a través de una web.
El manifiesto: "Con Cataluña, con España"

    Los abajo firmantes, preocupados por los últimos acontecimientos que se han producido en la vida política de Cataluña, queremos expresar nuestra opinión sobre algunos de los problemas que estos hechos ponen de relieve.

    1º.- Queremos dejar patente nuestra lealtad a la Constitución de 1978, pieza clave en la construcción de nuestra democracia, uno de los hechos políticos más felices de nuestra reciente Historia. Su vigencia a lo largo de los últimos 34 años ha constituido y constituye la garantía del periodo más largo de convivencia democrática que nos hemos dado los españoles.

    2º.- Como herederos de las tradiciones liberal y socialdemócrata de las que procedemos, queremos reivindicar el Estado y la Nación españoles, obra del pasado, el presente y el futuro de un pueblo que quiere permanecer unido en defensa de la libertad, la igualdad, el pluralismo político y el progreso económico.

    3.- Consideramos que Cataluña se ha hecho acreedora de la estima y la solidaridad del resto de España. Nadie debe olvidar su importante contribución al proceso de modernización de nuestro país y su acogida a miles de trabajadores de otros lugares de España. De análoga manera, es preciso recordar la aportación de éstos al crecimiento y al desarrollo de la economía y a la modernización de la sociedad catalana. Por todo ello, no estamos dispuestos a que un muro de incomprensión y agravios inventados pueda ser levantado dentro de la sociedad catalana, y entre la sociedad catalana y los ciudadanos del resto de España.

    4º.- Queremos llamar la atención sobre el riesgo de fractura a que pudieran conducir actitudes irresponsables en medio de las dificultades por las que atraviesa la vida española. Lejos de enfrentarnos a la crisis de forma desunida, pensamos que es el momento de movilizar los recursos de la Nación y buscar el acuerdo de todas las fuerzas políticas y sociales para salir del preocupante trance en que nos encontramos en España y en Europa .

    5º.- Llamamos a respetar los cauces democráticos en todo intento de solución que se plantee para resolver los actuales problemas políticos: la observancia y el acatamiento de las leyes, el cuidado de la convivencia y el respeto a los procedimientos previstos en el ordenamiento jurídico. No estamos dispuestos a asistir al fracaso de un orden democrático en el intento de abordar la solución a problemas que solamente pueden verse agravados con el recurso a traumáticos expedientes de ruptura.

    Terminamos haciendo apelación a la cordura, la responsabilidad y la prudencia como actitudes indispensables para hacer frente al reto que algunos pretenden plantear a la sociedad española, manifestando nuestra confianza en el marco constitucional y en el Estado de Derecho como terreno idóneo para la búsqueda de soluciones sobre el futuro de España.

Más de Mas




ABC,  "Insumisión", "Mas llama abiertamente a incumplir las leyes".
"con este lenguaje de barricada, Mas está desvelando las miserias de su proceso soberanista" que tiene "claros indicios de ser delictivo". "Mas se descalifica como demócrata", advierte a los catalanes de que se anden con cuidado, que "con este planteamiento el estado que surja de nacionalistas como el presidente Mas puede acabar siendo más un régimen etnicista balcánico que una democracia europea moderna".



La Razón advierte de que "la independencia de Cataluña chocaría con quince países de la UE". César Vidal se hace eco de los "embustes monstruosos" del nacionalismo catalán. "El nacionalismo catalán es una forma de patología política, social y psíquica que pretende que no fue lo que fue para que mañana sea lo que es imposible que sea. Para ello es capaz de negar, literalmente, a su madre" mientras "niega de dónde viene y se masturba mentalmente pensando a dónde va".
La Razón: "100 razones para ilegalizar a Bildu" y "corresponde a la fiscalía poner fin a esa burla reiterada y grave con las víctimas". 



"Haber redactado un manifiesto cuando en 2005 Catalunya fue objeto de un incivil boicot comercial y de una soez campaña de insultos por haber osado proponer una reforma del Estatut que inflamaba a la derecha de la derecha".  (La Vanguardia, Enric Juliana)

viernes, 2 de noviembre de 2012

«La España de los Reyes Católicos fue una unión política más que una simple unión dinástica»



«La España de los Reyes Católicos fue una unión política más que una simple unión dinástica»
ENTREVISTA CON JOSEPH PEREZ

PREGUNTA.- Como estudioso de los Reyes Católicos, ¿qué papel les atribuye en la consolidación de una identidad española?
RESPUESTA.- A mediados del siglo XV, en la Península Ibérica no quedaban más que cuatro reinos cristianos: Portugal, Castilla, Aragón y Navarra. Los cuatro se consideraban originales, distintos, pero hermanos: todos eran españoles. A pesar de las diferencias políticas, existía una solidaridad indudable, se consideraban hermanos y compartían la idea de reconstituir la unidad política perdida. Pero ya era tarde para algo que no fuera una unión dinástica y ésta sólo podía hacerse desde Castilla, debido a su posición central. Castilla podía elegir entre una unión con Portugal o con Aragón. Los enlaces matrimoniales estaban destinados a recuperar la unidad peninsular y la boda de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, en 1469, puso los cimientos de ese proceso.

P.- ¿Quiere esto decir que ya existía una conciencia de ser españoles?
R.- Los españoles, como tales, nacen con la conciencia de no ser moros, de rechazar el Islam y de considerarse solidarios de la Cristiandad occidental. España es así el territorio cristiano opuesto a al-Andalus, el territorio de la misma Península ocupado por los moros.

P.- ¿Hasta entonces, nada?
R.- Sí y no. Yo creo que los españoles de la Reconquista, en los siglos IX y X, se sienten distintos de los moros pero, además, se consideran herederos de un legado anterior, de los visigodos y de la época romana.

P.- Volviendo a los Reyes Católicos, ¿cómo valora su unión?
R.- Es mucho más que una simple unión dinástica. Es una unión política. Las dos Coronas conservan sus instituciones, su lengua, sus aduanas, etc. Pero, al tiempo, tienen conciencia de formar parte de un mismo grupo y el propósito de que la unidad, existente ya desde el punto de vista cultural, sea política. Hasta mediados del siglo XVII, Cataluña, Aragón y Valencia lo aceptan perfectamente. Desde el punto de vista literario, en el Siglo de Oro, el castellano es la lengua de cultura, incluso de los portugueses. Muchos cancioneros y romanceros de 1580 en adelante se publican en Valencia en castellano. Lo mismo se puede decir de Cataluña, el catalán sigue siendo la lengua de la administración, pero la lengua cultural, la que hablan los letrados, es el castellano.

P.- Sin embargo, los Reyes Católicos han tenido bastante mala prensa en las últimas décadas.
R.- Les ha perjudicado la reivindicación de su figura por parte de Franco. Pero la valoración anterior de los Reyes Católicos, incluso la de los liberales del siglo XIX, era muy positiva. Se les veía como los monarcas que habían terminado con las ambiciones del poder feudal, que habían puesto los cimientos de la unión nacional, habían terminado la Reconquista, propiciado el descubrimiento de América e impulsado el desarrollo cultural y económico, así como una ambiciosa política internacional, con la intervención en Italia. Para los liberales, los Reyes Católicos son los últimos soberanos nacionales que tuvo España. Luego vendrían los extranjeros: los Austrias, a los que consideraban unos  tiranos porque habían reprimido a los Comuneros de Castilla. También responsabilizaban a Carlos I de haber implicado a España en los problemas de la Reforma, en  la lucha contra los protestantes. Así pues, mientras los liberales consideraban la política de los Austrias como la causante de la decadencia,  el de los Reyes Católicos les parecía un reinado ejemplar. Y ahí interviene Franco. No es que desvirtúe lo anterior, sino que le da una reinterpretación sui generis. El autoritarismo de los Reyes Católicos contra la aristocracia parece prefigurar el poder fuerte que necesita España. Además, el franquismo reivindica la herencia de los Austrias, del Imperio y de la proyección de la política internacional católica, lo que no habían hecho los liberales. Es a partir de ahí, cuando el juicio sobre los Reyes Católicos cambia.

P.- El concepto de nación en ese momento parece más una construcción cultural que de otro tipo.
R.- Pero también política. Visto desde fuera, a partir de los Reyes Católicos, España es una unidad. En el exterior se habla de la política española, del ejército español, de la monarquía española. Hay dos Coronas, pero desde fuera, y esto acaba teniendo consecuencias dentro, lo que se fragua es España.
P.- ¿En la formación de España, queda algún residuo de al-Andalus?
R.- La España que conocemos, la que se expande, se reivindica como cristiana y solidaria de la Cristiandad europea. La Reconquista es también repoblación, se echa a los moros y se coloniza con cristianos del norte. En el siglo XIII, los moros que quedan en la Andalucía reconquistada son el 0,5 por ciento de la población. ¿Cómo puede hablarse de mudejarismo sin mudéjares? Hay que reconocer que, durante siglos, los que vivían en la Península hablaban árabe, pero la voluntad política de los reconquistadores es acabar con el Islam y reintegrarse a la Cristiandad.

P.- ¿Y de los judíos?
R.- En el siglo XV, los judíos españoles eran más importantes numéricamente que en Inglaterra o Francia, pues las condiciones de la Reconquista habían permitido la coexistenca de gentes de credos distintos: moros, cristianos y judíos. Sin embargo, muchos judíos se había convertido al cristianismo, no siempre de manera sincera, y muchos habían vuelto a judaizar en secreto. La cuestión de los judíos no era una cuestión de libertad individual como ahora. En aquella época los judíos tenían un estatuto aparte. ¿Es posible tener en una nación súbditos que estén sometidos a leyes distintas? En ninguna nación de Europa, no sólo en España, se concebía una situación semejante, sólo en caso de que fueran muy pocos. En toda Europa, el principio era el de «un rey, una ley, una fe». Así pues, en tiempo de los Reyes Católicos se decide no transigir con las conversiones que no sean sinceras. Y se considera que mientras haya judíos, los conversos sentirán la tentación de seguir judaizando. El establecimiento de la Inquisición y la expulsión de los judíos, en 1492, se debieron a esta intención de acabar con el multiculturalismo.

P.- ¿Cómo interpreta el proceso de beatificación de Isabel la Católica?
R.- Una beatificación siempre es una medida política. Si se realiza la beatificación de Isabel, se interpretará como una medida para justificar su obra. En mi opinión, es una figura de las más importantes de la Historia Universal, pero ¿merece por eso subir a los altares? Por otra parte, tampoco se la puede acusar de haber  intentado un genocidio. La expulsión fue un acto violento, es evidente, pero si en tiempos de los Reyes Católicos se expulsó a 40.000 o 50.000 judíos, al final de la II Guerra Mundial se desplazó entre doce y quince millones de alemanes que vivían en Rusia, Polonia y Checoslovaquia, para que aquellos territorios quedaran limpios de minorías nacionales. No justifico a los Reyes Católicos, pero hay que relativizar.

P.- Usted plantea la creación de una conciencia nacional a partir de unas coincidencias de tipo cultural, principalmente la lengua, la solidaridad con la idea de la Cristiandad y, finalmente, en la consolidación de una imagen hacia el exterior. Pero esta unidad convive con la autonomía efectiva de los reinos hasta el siglo XVIII, con la llegada de los Borbones.
R.- La evolución es distinta en España y en Francia. En España se parte de varios reinos y señoríos, que poco a poco se intentan agrupar. En Francia, en cambio, se parte de un núcleo central, el territorio real, que poco a poco va agrandándose. El salto decisivo se realizó en el siglo XIX. La verdadera formación de la nación en Francia es muy reciente, de finales del siglo XIX. Es fruto de la Historia, pero también de la enseñanza y del servicio militar. En España no hubo nada similar. A la guerra de Cuba enviaron a gente pagada. De ahí el odio, el antimilitarismo de muchos españoles. En cambio, por las mismas fechas, en Francia se hace el servicio militar obligatorio para todos. La Primera Guerra Mundial unió a la patria, dio pie al concepto del ejército como la nación en armas, un modelo que le interesó mucho a Azaña. Un ejército que no es una fuerza de represión, sino que está concebido para defender el territorio nacional y como forma de integración.

P.- La revisión de la nación que hacen los liberales en el siglo XIX,  a partir de la Guerra de la Independencia, ¿podría ser lo que marca la diferencia?
R.- La Guerra de la Independencia es la creación de la nación española en el sentido moderno de la palabra: la aparición del patriotismo, como reflejan los Episodios Nacionales de Pérez Galdós. Pero después, a mediados del siglo XIX, los gobiernos moderados convirtieron a la nación en algo preferentemente unido al catolicismo. De ahí que muchos españoles de izquierda se alejaran de una nación que ya no les parecía suya. Si ser español era ser católico, como pensaba Menéndez Pelayo, muchos españoles no encontraban su sitio.

P.- ¿Qué piensa del debate sobre los rasgos de la nación española, que la Constitución de 1978 define como plural?
R.- A todas luces, España se está transformando en Estado federal. A lo mejor es la solución. La actual situación procede de un pasado reciente. La Generación del 98 no ha tenido una influencia positiva en este aspecto, al exaltar la idea de que Castilla hizo a España. El castellanismo exagerado de Unamuno, Menéndez Pidal y Sánchez Albornoz no ha sido nada positivo para la formación de una nación moderna y ha contribuido mucho a los problemas actuales. Ahora me parece que es tarde para dar marcha atrás. La solución será la formación de un Estado federal. Algo que no es totalmente opuesto a una trayectoria histórica, pero que hubiera podido ser distinta.

P.- ¿En qué sentido?
R.- Si hubiera habido una escuela nacional, si no se hubieran producido fracasos como la Guerra de Cuba. El Ejército en Francia sirvió para dar conciencia nacional a los jóvenes. En España, en cambio fue más bien visto como una fuerza de represión contra los sindicatos, los huelguistas, etc.
P.- Cuando se habla de preservar las señas de identidad de España, ¿qué se está queriendo salvar?
R.- Hay una cultura que puede tener aspectos regionales, pero que no deja de ser española. A nadie se le ocurriría decir que Cervantes es un autor de Castilla-La Mancha. Hay autores catalanes o gallegos, pero creo que en realidad forman parte de una misma cultura, porque vienen del mismo grupo humano. El historiador Pierre Vilar pensaba que los nacionalismos periféricos se originaron en el desarrollo económico desigual, por una concentración de la industria nacional a fines del XIX en determinadas zonas: Cataluña para el textil y Asturias o Bilbao para la siderurgia y los altos hornos, frente a un centro mucho más conservador, de estructuras arcaicas y campesinas.

P.- Usted ha estudiado el movimiento de las Comunidades de Castilla contra Carlos I, a principios del siglo XVI. Cuando en la Transición todo el mundo reivindicaba sus señas de identidad, los castellanos atribuyeron a los Comuneros el origen de un nacionalismo castellano distinto del español.
R.- No es tan descabellado. Las Comunidades son interesantes porque confirman lo que decíamos sobre la formación de regiones y reinos y señoríos distintos, culturalmente unidos, pero políticamente diversos. La revuelta de los Comuneros es castellana. Los comuneros están convencidos de que con Carlos V están perdiendo la independencia política, económica y social que habían conseguido con los Reyes Católicos. El hecho de que el rey de Castilla se transforme en emperador les hace pensar que se verán obligados a sufragar con su dinero y con sus hombres una política que no es castellana, sino dinástica. Su intuición era clara y tenían razón, porque es lo que ocurrió. El cambio total de la Historia de España en aquel momento se debe a la derrota de los Comuneros, porque se pierde la iniciativa de Castilla como nación, ya que va a tener que participar, mal que le pese, en una política imperial que no le interesa. En 1520, los Comuneros lo ven claro: hay un divorcio entre la nación y la dinastía. Le proponen que haga lo que quiera en Alemania, pero con los fondos del Imperio. Pero los comuneros resultan derrotados y la política de los Austrias mayores será imperial  y no española. Quienes en 1975-1976 reivindicaban a los Comuneros tenían razón. De haber triunfado, se habría puesto en marcha una España bastante semejante a la de los Reyes Católicos, con una política internacional que defendía los intereses nacionales y no los dinásticos de los Austrias. El desarrollo de Castilla en parte se frustró a raíz de la derrota de los Comuneros. Éste es el aspecto fundamental de la rebelión comunera.  
Publicado por EL MUNDO el 7 de septiembre de 2004
 [1] Catedrático emérito de Historia Moderna de la Universidad de Burdeos, este hijo de valencianos de Bocairent sintetiza como pocos una doble fidelidad. De una parte, la del país donde nació en 1931, y en cuya escuela pública se forjó como ferviente jacobino, y de otra, la de la patria de sus mayores, a la que ha dedicado sus esfuerzos como historiador. ‘La revolución de las comunidades de Castilla’, ‘La España del siglo XVI’, ‘Isabel y Fernando. Los Reyes Católicos’, ‘La expulsión de los judíos de España’, ‘Carlos V, soberano de dos mundos’ y ‘La España de Felipe II’ son algunas de sus obras principales. Ha sido rector de su Universidad (1978-1983), director de la Casa de Velázquez en Madrid (1989-1996) y puede vanagloriarse de que tanto Francia como España han reconocido su esfuerzo: es oficial de la Legión  de Honor, posee la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio y es comendador de la orden de Isabel la Católica. 

Mayo 1968


 
"La economía está enferma, que reviente"! 
 "La barricada cierra la calle pero abre el camino"
"Nuestra esperanza sólo puede venir de los sin esperanza"
"El derecho de vivir no se mendiga, se toma"
"Graciosos payasos de la política: ocultáis detras de vuestras miradas vidriosas un mundo en vías de destrucción.
"Gritad, gritad; nunca se sabrá lo suficiente que habéis sido castrados"
"La politica pasa en la calle"
"Decreto el estado de felicidad permanente"
"Contempla tu trabajo: la nada y la tortura forman parte de el"
"Es necesario llevar en si mismo un caos para poner en el mundo una estrella danzante"
"Fronteras = represión".
"Vivir el presente"
"Y sin embargo todo el mundo quiere respirar y nadie puede respirar; y muchos dicen "respiraremos más tarde". Y la mayor parte no mueren porque ya están muertos"
"Queda estrictamente prohibido prohibir"(ley del 13 de mayo de 1968).
"La obediencia comienza por la conciencia, y la conciencia porla desobediencia"
"La acción permite superar las divisiones y encontrar soluciones.La acción está en la calle."
"La calle vencerá"
"Corre camarada, el viejo mundo está detrás tuyo"
"Acumulen rabia"
"No hay pensamiento revolucionario. Hay actos revolucionarios"
"El enemigo del movimiento es el escepticismo. Todo lo que se ha realizado proviene del dinamismo que surge de la espontaneidad"
"Tenemos una izquierda prehistórica"
"Nuestro camino será una larga marcha de fraternidad"
"Las insolencia es la nueva arma revolucionaria"
"La poesía está en la calle"
"No se encarnicen tanto con los edificios, nuestro objetivo son las instituciones"
"La burguesía no tiene más placer que degradarlos todos"
"Sean sucios, pero jamás azucarados"
"Agitación permanente"
"Proletario es aquel que no tiene ningún poder sobre el empleo de su vida y lo sabe"
"Tomen sus deseos por realidades"
"La revuelta y solamente la revuelta es creadora de la luz, y esta luz no puede tomar sino tres caminos:
La poesía. la libertad y el amor"(Andre Breton)


LOS GRAFFITIS

"¡Viva la comunicación! ¡Abajo la telecomunicación!"
Odeón

"Dios: sospecho que eres un intelectual de izquierda"
Liceo Condorcet

"Las paredes tienen orejas. Vuestras orejas tienen paredes"
Ciencias Políticas

"La barricada cierra la calle pero abre el camino"
Censier

"¡¡¡ Te amo !!! ¡Oh, díganlo con adoquines"
Nanterre

"Es necesario explorar sistemáticamente el azar"
Censier

"La acción no debe ser una reacción sino una creación"
Censier

"Somos todos judíos alemanes"
Sorbona

"Camaradas: proscribamos los aplausos, el espectáculo está en todas partes"
Nanterre

"El que habla del amor destruye el amor"
Nanterre

"Es necesario llevar en sí mismo un caos para poner en el mundo una estrella danzante (Nietzche)"
Odeón

"Tomemos en serio la revolución, pero no nos tomemos en serio a nosotros mismos"
Odeón

"Viole su alma mater"
Nanterre

"Cuando la asamblea nacional se convierte en un teatro burgués, todos los teatros burgueses deben convertirse en asambleas nacionales"
Odeón

"No es el hombre, es el mundo el que se ha vuelto anormal (Artaud)"
Nanterre

"Todo el poder a los consejos obreros (un rabioso)
Todo el poder a los consejos rabiosos (un obrero)"
Censier

"No es una revolución, majestad, es una mutación"
Nanterre

"El patriotismo es un egoísmo en masa"
Sorbona

"El acto instituye la conciencia"
Nanterre

"La burguesía no tiene más placer que el de degradarlos todos"
Fac. de Derecho - Assas

"La imaginación no es un don, sino el objeto de conquista por excelencia (Breton)"
Condorcet

"Pensar juntos, no. Empujar juntos, sí."
Fac. de Derecho - Assas

"Nuestra esperanza sólo puede venir de los sin esperanza."
Ciencias Políticas

"Los que tienen miedo estarán con nosotros si nos mantenemos firmes."
Fac. de Medicina

"Gracias a los exámenes y a los profesores el arribismo comienza a los seis años."
Sorbona

"Decreto el estado de felicidad permanente."
Ciencias Políticas

"Graciosos señores de la política: ocultáis detrás de vuestras miradas vidriosas un mundo en vías de destrucción. Gritad, gritad; nunca se sabrá lo suficiente que habéis sido castrados."
Sorbona

"Prohibido prohibir. La libertad comienza por una prohibición."
Sorbona

"Un solo week-end no revolucionario es infinitamente más sangriento que un mes de revolución permanente."
Fac. de Lenguas Orientales

"Cambiar la vida. Transformar la sociedad."
Ciudad Universitaria

"Heráclito retorna. Abajo Parménides. Socialismo y libertad."
Sorbona

"Contempla tu trabajo: la nada y la tortura forman parte de él."
Sorbona

"¡Franceses, un esfuerzo más! (Marqués de Sade)"
Sorbona

"¡¡Roben!!"
Paredes de los Bancos

"La emancipación del hombre será total o no será."
Censier

"La novedad es revolucionaria, la verdad también."
Censier

"Queremos las estructuras al servicio del hombre y no al hombre al servicio de las estructuras. Queremos tener el placer de vivir y nunca más el mal de vivir."
Odeón

"El arte ha muerto. Liberemos nuestra vida cotidiana."
Sorbona

"¡La pasión de la destrucción! Es una alegría creadora. (Bakunin)"
Sorbona

"La libertad es la conciencia de la necesidad"
Plaza de la Sorbona

"¡Abajo el orientalismo neo-exótico!"
Fac. de Lenguas Orientales

"No me liberen, yo basto para eso."
Nanterre

"Escuela de la calle."
Calle de las Escuelas

"Un policía duerme en cada uno de nosotros, es necesario matarlo."
Censier

"La vida está más allá."
Sorbona

"Mis deseos son la realidad."
Nanterre

"Todo es dadá."
Odeón

"Abraza a tu amor sin dejar tu fusil."
Odeón

"Las jóvenes rojas
cada vez más hermosas."
Medicina

"Y sin embargo todo el mundo quiere respirar y nadie puede respirar; y muchos dicen 'respiraremos más tarde'. Y la mayor parte no mueren porque ya están muertos".
Nanterre

"La revuelta y solamente la revuelta es creadora de la luz, y esta luz no puede tomar sino tres caminos: la poesía, la libertad y el amor. (Breton)"
Fac. de Derecho - Assas

"La imaginación al poder."
Sorbona

"En los exámenes, responda con preguntas."
Sorbona

"Aprende a cantar la internacional."
Barrio Latino

"No puede volver a dormir tranquilo aquel que una vez abrió los ojos."
Nanterre

"La acción permite superar las divisiones y encontrar soluciones. La acción está en la calle."
Ciencias Políticas

"Para poder discutir la sociedad en que se æviveÆ, es necesario antes ser capaz de discutirse a sí mismo."
Odeón

"¡Viva la comuna!"
Barrio Latino

"El levantamiento de los adoquines de las calles constituye la aurora de la destrucción del urbanismo."
Sorbona

"Acumulen rabia."
Nanterre

"No hay pensamiento revolucionario. Hay actos revolucionarios."
Nanterre

"Olvídense de todo lo que han aprendido. Comiencen a soñar."
Sorbona

"Desabrochen el cerebro tan a menudo como la bragueta."
Odeón

"Hay método en su locura. (Hamlet)"
Nanterre

"Lo sagrado: ahí está el enemigo."
Nanterre

"Yo jodo a la sociedad, pero ella me lo devuelve bien."
Ciencias Políticas

"Digo no a la revolución con corbata."
Bellas Artes

"Yo me propongo agitar e inquietar a las gentes. No vendo el pan, sino la levadura. (Unamuno)"
Odeón

"Abajo el realismo socialista. Viva el surrealismo."
Condorcet

"La voluntad general contra la voluntad del general."
Censier

"Exagerar, esa es el arma."
Censier

"Mutación lava más blanco que Revolución o Reformas."
Censier

"Cuanto más hago el amor, más ganas tengo de hacer la revolución.
Cuanto más hago la revolución, más ganas tengo de hacer el amor."
Sorbona

"La poesía está en la calle."
Calle Rotrou

"No queremos un mundo donde la garantía de no morir de hambre se compensa por la garantía de morir de aburrimiento."
Odeón

"No se encarnicen tanto con los edificios, nuestro objetivo son las instituciones."
Sorbona

"Si lo que ven no es extraño, la visión es falsa."
Sorbona

"La belleza será convulsiva o no será. (Breton)"
Sorbona

"La sociedad es una flor carnívora."
Sorbona

"Empleó tres semanas para anunciar en cinco minutos que iba a emprender en un mes lo que no pudo hacer en diez años."
Grand-Palais

"Dejemos el miedo al rojo para los animales con cuernos."
Sorbona

"Proletario es aquel que no tiene ningún poder sobre el empleo de su vida y que lo sabe."
Censier

"Un pensamiento que se estanca es un pensamiento que se pudre."
Sorbona

"Sean realistas: pidan lo imposible"
Censier

"Debajo de los adoquines está la playa".
Sorbona

"Olviden todo lo aprendido y comiencen a soñar"
Sorbona

"Consuma más, vivirá menos"
Sorbona

"¿Y si quemamos la Sorbona?"
Sorbona

"La sorbona será el Stalingrado de la Sorbona"
Sorbona

"MAKE LOVE NOT WAR (hagan el amor y no la guerra)"

jueves, 1 de noviembre de 2012

Legalizacion del Partido Comunista de España en el proceso de la Transición.

(Adaptación, con fines didácticos de "El Sábado Rojo" de Victoria Priego publicado por "El Mundo"

«...Yo no creo que el presidente Suárez sea un amigo de los comunistas.
Le considero más bien un anticomunista, pero un anticomunista inteligente que ha comprendido que las ideas no se destruyen con represión e ilegalizaciones. Y que está dispuesto a enfrentar a las nuestras, las suyas.
Bien, ése es el terreno en el que deben dirimirse las divergencias.
Y que el pueblo, con su voto, decida».
(asi concluyó la declaración que Santiago Carrillo, líder del, hasta ese día histórico, ilegal Partido Comunista de España, hizo pública desde Cannes a las 18 horas del 9 de abril de 1977, Sábado Santo).

«Yo sabía que si le daba un abrazo [a Suárez] en ese momento, era el abrazo del oso e iba a agravar todavía más sus dificultades.
Y sabía también que si emitía una reserva sobre Suárez, en el fondo eso le iba a ayudar. Era una forma de mostrar que la legalización del PCE tampoco era una bajada de pantalones de Suárez. Diciendo que Suárez era un anticomunista inteligente pensábamos ayudarle porque a nuestra gente la legalización le bastaba para considerar a Suárez de una manera positiva, de nuestro lado no le iba a perjudicar».

El presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, acababa de legalizar al PCE. La noticia provocó estupor y miedo en los sectores no politizados, indignación en los franquistas y una furia casi incontenible en el seno del Ejército.
La legalización se logró a través una negociación con el propio presidente Adolfo Suárez, quien había pedido Carrillo que evitara elogiarle.
Esta petición le llegó de Suárez a Carrillo a través de José Mario Armero, abogado y presidente de la agencia de noticias Europa Press, y uno de los pocos hombres que apoyó incondicionalmente a Suárez en todo el proceso que hizo posible la legalización del PCE.

Adolfo Suárez, ante la inminente legalicación de PCE, advirtió a Carrillo que era conveniente que no estuviese en España cuando se diera la noticia de la legalización.
n España cuando salte la noticia.
A Carrillo no le hace demasiada gracia que la legalización del PCE. Para Suárez esas fechas son las más convenientes
Para Suárez es el momento menos difícil para intentar una operación que sabe casi imposible.
 «Días antes del Sábado Santo», confirma Carrillo, «a través de Armero me dicen cómo van a intentar la legalización y me recomiendan que no esté aquí. Yo me voy entonces a casa de Lagunero y quedo con Armero en que él me llamae en cuanto la legalización se produzca».
«Yo nunca había visto a Santiago tan nervioso», recuerda Lagunero. «Él es un hombre templado, tiene nervios de acero, pero aquella vez estaba impaciente, intranquilo, ansioso. No es que desconfiara, no. Él estaba convencido de que el partido se legalizaba, pero quería que fuera ya, que todo sucediera de una vez».

Antes, el 27 de febrero de 1977, por la tarde, el líder comunista había celebrado una entrevista en el máximo de los secretos con el propio presidente Suárez.
De aquel encuentro secretísimo Carrillo había salido sin ningún compromiso por parte de Suárez, pero sí con dos convicciones: una, que la legalización se iba a producir y, dos, que Adolfo Suárez era hombre en cuya palabra él podía confiar. Los hechos posteriores no le desmintieron, todo lo contrario. 

El Viernes Santo, 8 de abril, Adolfo Suárez se quedó en Madrid con muy pocos de los suyos, los que él necesita para dar este salto mortal de resultados más que inciertos y en el que se lo está jugando todo. Y no sólo él: también se juega todo el Rey, que está al tanto de la operación y la bendice. «En ese momento, Adolfo no cuenta con casi nadie» dice Armero. 
El propio presidente y cinco de sus ministros trabajan ese día en un Madrid vacío por vacaciones, en silencio absoluto y a toda velocidad, pero con el vértigo de no saber si las cartas que esperan tener pronto en las manos les van a permitir ganar finalmente la partida. 


Sábado Santo, 9 de abril.
«Esa mañana temprano me llama Suárez» cuenta José Mario Armero, «y me dice: 'Voy a legalizar hoy al Partido Comunista'. Yo me puse muy nervioso y, como no sabía si tenía el teléfono de mi casa intervenido, me tuve que marchar a la calle. Estuve andando por Madrid yo solo, esperando la llamada definitiva». 
Lo que va a permitir a Suárez tomar en cuestión de horas la decisión de legalizar el PCE, está aún por llegar. Se trata del dictamen de la Junta de Fiscales, que ha sido convocada de máxima urgencia ese Sábado Santo a las nueve de la mañana.
Los fiscales deliberan durante tres interminables horas.
A las doce del mediodía la cúpula de la Fiscalía, presidida por el fiscal del Reino, concluye que, de la documentación que le ha sido presentada «no se desprende ningún dato que determine de modo directo la incriminación del expresado partido [el PCE] en cualquiera de las formas de asociación ilícita que castiga el artículo 172 [del Código Penal] en su reciente redacción».Vía libre, pues, para Adolfo Suárez.
Una hora después, a la una de la tarde, el Ministerio de la Gobernación ya tiene preparada la Resolución por la que el PCE queda inscrito en el registro de Asociaciones Políticas según la terminología vigente en la época.
Y tanta prisa se dio Rodolfo Martín Villa, ministro de la Gobernación, en dar cauce rapidísimo a la legalización del PCE, que el documento que entra a formar parte del expediente oficial del caso se queda sin firmar. Pasados los años, siendo ministro del Interior el socialista José Barrionuevo, Martín Villa firmó por fin para la Historia un documento tan singular.

A esa misma hora, y en una carrera contra reloj perfectamente sincronizada, José Mario Armero, el intermediario de Suárez, llama a La Moncloa y recibe de boca del presidente la noticia que tanto había esperado: «Hablé con Suárez a la una de la tarde desde un bar del Rastro, el bar Álvarez. Después me marché inmediatamente a casa de mi amigo Basilio Martín Patino [director de cine], para poder hablar ya más tranquilamente. Desde allí hablé con Carrillo y le comuniqué la noticia que, en principio, casi no lo podía creer». 

Teodulfo Lagunero, en su casa de Cannes, recibe por teléfono la noticia de Armero:«Ya se ha legalizado el Partido Comunista».

A las seis de la tarde saltó la noticia por los teletipos de la agencia Europa Press, la que tiene como presidente a José Mario Armero. La noticia es recogida inmediatamente por Radio Nacional de España:
«Señoras y señores, hace unos momentos, fuentes autorizadas del Ministerio de la Gobernación han confirmado que el Partido Comunista...perdón... que el Partido Comunista de España ha quedado legalizado e inscrito en el... perdón... (ráfaga musical)... Hace unos momentos fuentes autorizadas...(ráfaga musical).
«el Partido Comunista ha quedado legalizado e inscrito en el Registro de Asociaciones Políticas».
Los españoles se quedan en ese instante sin aliento.a:

«Eso era la ruptura» asegura Santiago Carrillo.
«La ruptura con el pasado era la destrucción de todo lo que había sido la argumentación básica del régimen, según la cual el franquismo había surgido para contener la revolución comunista. Que se legalizara al PCE era romper ya con eso definitivamente. Yo creo que ese fue un momento crucial y por eso muy difícil, el más difícil de la Transición».

El júbilo de los militantes del partido es inmenso, pero sucede que, junto con la noticia, han recibido también unas instrucciones muy precisas: nada de demostraciones excesivas de júbilo que puedan ser consideradas como una provocación. Contención y buenas maneras. Aquel día extraordinario, las bases responden sin excepciones y sin la menor resistencia a las órdenes impartidas por Carrillo.

«Armero, de parte de Suárez, nos había dicho que si, como consecuencia de la legalización, se creaba en la calle una situación de desorden, con banderas rojas, con 'La Internacional', con todo, eso podía dar pretexto al Ejército para intervenir. Quizá nos pareció un poco exagerado, pero tampoco era tan irreal.
Por eso decidimos aconsejar a nuestros camaradas que fueran prudentes, que no manifestaran de una manera desabrida o exultante su euforia porque se trataba de un proceso complicado y difícil en el que había que ir paso a paso y en el que había que evitar provocar a la ultraderecha y fundamentalmente al Ejército».

Tanto el líder comunista como el presidente del Gobierno tienen perfectamente claro en ese instante que este delicadísimo tramo de la transición política hacia la democracia sólo se podrá recorrer con alguna garantía de éxito si cada una de las dos partes cumple escrupulosamente su palabra y juega con total lealtad hacia el otro. 
Por eso, porque la moderación de los comunistas está en el pacto no escrito entre Adolfo Suárez y Santiago Carrillo, un pacto mudo que fue sellado en el encuentro secreto que ambos celebraron en la casa de campo de José Mario Armero el 27 de febrero, no hace ni seis semanas, por eso se cumple religiosamente el compromiso de la moderación pedida. 
Todas las manifestaciones tienen lugar en medio de un orden impecable.
La sede clandestina del Partido Comunista en Madrid ha estado durante años en la calle de Peligros. Oficialmente, albergaba el Centro de Estudios de Investigaciones Sociales, CEISA. A partir de ese día una pancarta enorme cubre las cinco ventanas de la fachada con esta leyenda: PARTIDO COMUNISTA DE ESPAÑA.

En Cannes Santiago Carrillo hace las maletas. Vuelve a Madrid.
El Domingo de Resurrección, 10 de abril de 1977, Santiago Carrillo está en París. No hace ni 24 horas que ha vivido la alegría y la emoción de la legalización del Partido Comunista de España y se dispone a tomar un avión para regresar a su país.
En realidad, el líder comunista llevaba viviendo regularmente en Madrid desde hace un año, pero la suya ha sido una estancia clandestina. Ahora está en el aeropuerto de Orly a punto de tomar un avión que le devuelva a casa.
Dentro de dos horas tendrá la ocasión impagable de respirar por primera vez en cuarenta años el aire de la libertad en España. Pero la libertad que desde ayer le reconoce la ley no es la que la realidad va a permitirle. Y eso lo comprueba aún antes de abandonar París, en mitad del aeropuerto:
«Estábamos esperando a embarcar» recuerda Lagunero, «cuando se acercaron unos señores a Santiago y le dijeron que tenían un mensaje oficial, del Gobierno español, para pedirle que no fuese en ese avión a Madrid porque su vida corría sumo peligro. Que le estaban esperando en el aeropuerto de Barajas gentes que podían atentar contra él. Que el Gobierno había ya reservado en el avión para Barcelona, que estaba al lado del nuestro, con la gente dispuesta ya para embarcar, dos plazas en primera para Santiago y para Carmen. Una vez ellos hubieran llegado a Barcelona, el Gobierno les traería a Madrid, pero evitando la presencia de quienes sabían ya que Santiago llegaba ese día a Barajas. Santiago dijo que no:

— Si yo esta vez cedo, van a querer que ceda siempre. A mí no me organiza nadie. Sé que son momentos difíciles, yo tengo que ir a Madrid. Y el Gobierno que cumpla con su obligación de protegerme. ¡Qué es eso de decir que me asesinan en el aeropuerto!
Retrasaron los vuelos pero él sostuvo que él haría lo que debía hacer y punto».

El episodio más importante vivido por Carrillo en estos últimos meses, episodio que ha hecho posible que ese día 10 de abril él esté a bordo de un avión camino de Madrid como líder de un partido legal, después de 40 años de lucha clandestina, ese episodio es secreto. Sólo tres hombres lo presenciaron. 

La llegada de Santiago a Madrid:
En Barajas le están esperando individuos que podrían intentar una agresión contra él, quién sabe de qué envergadura. Así que les dice a sus amigos que bajen del avión como si no tuvieran nada que ver con él.
Llegamos al aeropuerto», cuenta Lagunero, «y antes de salir el pasaje nos bajaron a nosotros. Allí nos encontramos con un Land Rover del Ejército del Aire. Dentro estaba Pilar Brabo, Belén Piniés y un señor, que se acercó a Santiago, le saludó, le felicitó y le dijo que era el comisario jefe del aeropuerto de Barajas:

— Tengo instrucciones de protegerle. Si usted viene conmigo, tenga la seguridad de que no le va a pasar nada».
Así pues, Carrillo abandona el aeropuerto sin que nadie, amigos ni enemigos, le vean salir. Es un comienzo tranquilizador. Lo que él aún no sabe es que en esos precisos momentos se está fraguando en el seno de las Fuerzas Armadas una rebelión formidable en la que la cabeza de Adolfo Suárez y la del Rey están ya peligrosamente en juego.

«¡Teodulfo, la situación es horrorosa, es delicadísima! Suárez está en una situación violentísima. Hay que apoyar al Rey, hay que apoyar a Suárez. ¡Su cabeza no vale un duro en estos momentos, Teodulfo, no te lo digo en sentido figurado ¿eh? Su cabeza, físicamente no vale un duro! Suárez puede caer, le pueden matar. Hay que apoyar al Gobierno».
Estas dramáticas palabras las pronuncia José Mario Armero en su despacho el lunes 11 de abril por la mañana a un Lagunero que, llegado la víspera de París, ha acudido a informarse de cómo se ha recibido en España la legalización del PCE. Pues, en ciertos sectores, así. Lo que ha sucedido durante el fin de semana y se ha materializado a primera hora del lunes es lo siguiente:

El sábado por la noche, en cuanto la noticia de la legalización del PCE se hace pública, los ministros militares se ponen inmediatamente en contacto entre sí y suspenden sus vacaciones. Dejando a un lado el Ejército del Aire, que se comporta con mayor serenidad, el Ejército de Tierra y la Marina reciben la legalización del PCE como una bofetada, como una ofensa inadmisible y como una traición de Suárez. La indignación por parte de jefes y oficiales es altísima.

El lunes 11 de abril, cuando el presidente del Gobierno se incorpora a su despacho, se encuentra con la carta de dimisión del ministro de Marina, almirante Pita da Veiga.
«Fueron momentos de gran tensión» recuerda Alfonso Osorio, entonces ministro de la Presidencia del Gobierno Suárez.
«Pita da Veiga toma la decisión de dimitir. Los otros dos ministros militares vacilaron. Varios de los ministros civiles se mostraron muy disgustados por no haber sido informados a tiempo de la decisión del presidente del Gobierno y también estuvieron a punto de dimitir. Hubo que convencerles de que no lo hicieran».

El problema, gravísimo, es que en su carta de dimisión, el almirante Pita no sólo plantea su renuncia irrevocable, sino que deja entender que ni uno sólo de los almirantes en activo va a estar dispuesto a aceptar la cartera de Marina en vista de que el presidente ha tomado una decisión tan ofensiva e hiriente para el sentimiento y la memoria de la Armada como es la legalización del Partido Comunista. 
La situación es, efectivamente, gravísima. Una indignación incontenible recorre todos los cuarteles y la posición de Adolfo Suárez es sumamente frágil.
El problema añadido es que hay una convicción unánimemente compartida en la sociedad española: la de que el Rey está detrás de todos los movimientos políticos llevados a cabo por Suárez desde que él mismo le nombró presidente. Eso significa que, si Adolfo Suárez se ve obligado a renunciar, se pondría en peligro no sólo su proyecto político, sino también la estabilidad de la Corona. Porque lo que hay en ese momento en el país es el temor, fundado, de que el Ejército se plante.

«Aquella mañana hablo yo con Adolfo Suárez», dice José Mario Armero, «que se encuentra en una situación muy complicada. No ve posibilidades de sustituir al almirante Pita da Veiga, parece que nadie quiere ser ministro de Marina en esas condiciones. Entonces, Suárez me dice que está considerando la posibilidad de nombrar a un almirante retirado o hacerse cargo él mismo de la cartera. Pero, claro, no era sólo la Marina. Era prácticamente la mayor parte del Ejército y una gran parte de la sociedad española los que habían reaccionado mal ante la legalización del PCE. Aquel momento es enormemente difícil, uno de los más difíciles de Suárez. Creo que él era muy consciente de que había tomado una decisión muy importante, que era necesaria, pero que era grave. En ese momento, Adolfo Suárez se la estaba jugando. Y se la siguió jugando hasta mucho tiempo después».

Es entonces, en el momento de la búsqueda desesperada de un almirante capaz de superar las presiones y el previsible desprecio de sus compañeros y dispuesto aceptar la cartera de Marina en esas condiciones terribles, cuando Suárez acude a Santiago Carrillo. Lo hace, de nuevo, a través de estos dos hombres a quien la Transición debe tanto: Lagunero y Armero.

— «Teodulfo, no es un capricho mío, ten la seguridad de que te estoy hablando en nombre de Suárez, considera esto como una misión de Estado: tienes que localizar a Santiago y que te diga inmediatamente quién es el almirante que está de acuerdo con la legalización del PCE. Él me comentó en una cena que él sabía de un almirante que no se oponía a la legalización».

— «Santiago me dice que es el almirante Buhigas, pero luego parece que se desdice, que no está seguro de que sea así».
Finalmente, y después de una búsqueda frenética, el teniente general Gutierrez Mellado se acuerda de un almirante que ha pasado a la reserva prematuramente y a petición propia y que por entonces preside la Compañía Transatlántica: Pascual Pery Junquera. Pery tiene una hoja de servicios inmejorable, tiene prestigio y tiene además una condecoración del máximo nivel, la medalla naval individual. La conversación entre Gutiérrez Mellado y Pery Junquera, es ésta:
— «¿Tú qué opinas del reconocimiento del Partido Comunista?».
— «Pues que lo lamento muchísimo, pero considero que era de todo punto inevitable».
— «Querría hablar contigo. ¿Podrías venir esta tarde a La Moncloa, a las cuatro y media?».
Después de una larga conversación con el ministro de Defensa, es recibido esa misma noche por el presidente. Pery Junquera acepta la cartera de Marina.

Al día siguiente, 12 de abril, está convocado el Consejo Superior del Ejército. Allí están nada menos que los capitanes generales de las 11 regiones militares, el jefe del Alto Estado Mayor, el jefe del Estado Mayor del Ejército, el director de la Guardia Civil, el de la Escuela Superior del Ejército y el presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar, el teniente general Emilio Villaescusa, que ha permanecido dos semanas secuestrado por el GRAPO.
El clima de la reunión es brutal. Los militares se sienten engañados por Suárez, le consideran un traidor, porque muchos recuerdan la reunión del 8 de septiembre en la que, según ellos habían entendido, Suárez les aseguró que el Partido Comunista no sería nunca legalizado en España.

Independientemente de sus interpretaciones, lo grave de esta reunión es su resultado: un comunicado que, a pesar de haber sido suavizado muy mucho gracias a los oficios del jefe del Estado Mayor del Ejército, general Vega Rodríguez, y al director general de la Guardia Civil, general Ibáñez Freire, dice cosas de este tenor:
«El Consejo estima debe informarse al Gobierno de que el Ejército, unánimemente unido, considera obligación indeclinable defender la unidad de la Patria, la bandera, la integridad de las instituciones monárquicas y el buen nombre de las Fuerzas Armadas».
Esto es una advertencia durísima.
Y muy concreta además, porque está hablando de todo lo que el PCE no respeta por entonces: ni la unidad, ni la bandera bicolor, ni la Monarquía.
Todo eso es lo que el Ejército considera obligación indeclinable defender. Es decir, que, o las cosas cambian o el Ejército interviene.

El comunicado se hace público el 14 de abril, aniversario de la proclamación de la Segunda República española. Mal día para el asunto que se dirime. Y, para mayor escarnio, ése es el día en que el Partido Comunista de España celebra la reunión de su Comité Central. Es la primera vez, desde el final de la guerra, que el PCE se reúne en España en la legalidad.
«En aquellos momentos lo que hay es un Partido Comunista que se considera legalizado», recuerda Armero, «que ya aparece por las calles con sus símbolos y sus banderas, y una sociedad española y, sobre todo, un Ejército, que está en una posición enormemente negativa. La tensión sigue siendo muy importante. Hay que intentar tranquilizar, pacificar aquello. Por eso yo me voy, de acuerdo con Suárez, a un bar que está muy cerca del lugar donde se reúne el Comité Central».

El lugar de esa reunión es el local de un restaurante de la cadena Topics, en la calle Capitán Haya. Y allí enfrente se aposta Armero, que lleva un encargo de Suárez muy concreto. «Yo estoy en aquel bar y, a través de Jaime Ballesteros, hago unas peticiones en nombre de Suárez. Pido que en el PCE se tomen unos acuerdos que sirvan para mantener la paz. Concretamente, pido que se acepte la bandera española, que se acepte la Monarquía y que se reconozca en algún sitio que están de acuerdo con la unidad de España».

Es decir, Suárez pide que el PCE haga un movimiento inaudito en su trayectoria política para que él pueda dar respuesta a las exigencias que acaban de plantearle los indignados militares. Ahora es Suárez quien necesita a Carrillo. Vamos a ver cómo responde.
«Cuando estábamos reunidos», confirma Carrillo, «Armero nos hace llegar la declaración del alto mando del Ejército reprobando nuestra legalización, lo que demostraba la tensión que había. Y poco después nos hacen llegar la noticia de que no hay ninguna garantía de que el Comité Central pueda terminar normalmente, que los militares están muy indignados y que no saben qué puede pasar. Entonces cabían dos cosas: o disolver la reunión y ceder, o dar un paso adelante».

En el bar de enfrente, un ansioso Armero espera noticias. Mientras tanto, se comunica con el presidente del Gobierno a través de un teléfono de fichas. «Yo estaba en el bar. Jaime venía, volvía... Teníamos ese sistema de comunicación un poco primitivo».

A la reunión del Comité Central asisten 180 personas, lo más granado del comunismo español. Muchos de ellos, viejos comunistas curtidos en una lucha de décadas. Y a esos hombres y mujeres es a quienes se dirige Santiago Carrillo cuando, en un momento determinado de las discusiones, se levanta y dice:
«Nos encontramos en la reunión más difícil que hayamos tenido hasta hoy desde la guerra [...] En estas horas, no digo en estos días, digo en estas horas, puede decidirse si se va hacia la democracia o se entra en una involución gravísima que afectaría no sólo al Partido y a todas las fuerzas democráticas de la oposición, sino también a las reformistas e institucionales [...] Creo que no dramatizo, digo en este minuto lo que hay».
«Yo me adelanté», explica Carrillo, «a proponer al Comité Central que adoptásemos la bandera nacional, pensando en que eso iba en cierto modo a neutralizar la agresividad contra nosotros. Ese era un tema que no había sido discutido en el Partido, pero no íbamos a hacer en este país una batalla por el color de una bandera. Y, además, una batalla así no la iba a entender casi nadie. El Comité Central aprobó la proposición que yo hice sin casi discusión, en unos minutos, aunque hubo alguna abstención, fundamentalmente de los camaradas vascos».

Los estupefactos militantes se comportan con la disciplina habitual y no rechistan: 169 votos a favor, ninguno en contra y 11 abstenciones. Con esa noticia cruza la calle Jaime Ballesteros .

«Yo sigo en aquel bar. Viene Ballesteros para comunicarme que todo ha sido aceptado. Pido también que se retiren las banderas republicanas, cosa que fue aceptada también. Y salgo enseguida hacia La Moncloa para darle la noticia a Suárez. Creo que aquel día dimos el paso más importante».
«Yo estaba convencido», explicaba años más tarde Adolfo Suárez, «de que no podía permitirme no legalizar el Partido Comunista. Pero hacía falta que el PCE garantizara a su vez la tranquilidad, mantuviera la calma y no reaccionase con agresividad. Carrillo se había comprometido a eso antes de que se produjera la legalización, lo había hecho en la conversación que celebramos en casa de Armero. Si Carrillo cumplía su palabra, el proceso hacia la democracia se haría irreversible. Y la cumplió».
Mientras Suárez recibe de Armero la noticia de que todas sus peticiones han sido aceptadas, el secretario general del Partido Comunista celebra una rueda de prensa.
La Monarquía, la unidad de España y la bandera son los puntos estrellas de su intervención:
«Si la Monarquía continúa obrando de manera decidida para establecer en nuestro país la democracia, estimamos que en unas futuras Cortes nuestro partido y las fuerzas democráticas podrían considerar la Monarquía como un régimen constitucional [...] Estamos convencidos de ser a la vez enérgicos y clarividentes defensores de la unidad de lo que es nuestra patria común [...] En tanto que representativa de ese Estado que nos reconoce, hemos decidido colocar hoy aquí, en la sala de reuniones del Comité Central, al lado de la bandera del partido, que sigue y seguirá siendo roja, la bandera del Estado español».

¿De dónde había salido esa bandera? «No la teníamos, la debieron comprar en algún establecimiento» dice Carrillo. En los mentideros se dijo que la había comprado Jaime Ballesteros a toda prisa en una tienda de la Plaza Mayor. «Desde luego, para muchos fue una sorpresa. Lo cierto es que esa decisión la hubiéramos tenido que tomar una semana antes o una semana después, pero que, tomada en aquel momento, salía al paso de cualquier disparate».
A partir de ese día, en efecto, la bandera borbónica luce en todos los actos públicos del PCE. Es más, la que no vuelve a aparecer es la bandera tricolor, la republicana, que el líder comunista se ha comprometido con Suárez a retirar.
Con este movimiento final, Carrillo acaba de proporcionar al presidente Suárez el espaldarazo que él necesitaba imperiosamente para poder culminar su tarea.

La irritación en el Ejército se atenúa, pero no desaparecía. En algunos sectores, los más recalcitrantes, queda encapsulada y archivada en la memoria. Éste será el primero de los varios agravios que la ultraderecha esgrimirá para intentar, un día de febrero de 1981, que el Ejército eche abajo el régimen de libertades conquistado por todos. Pero eso tardará en verse.
Lo que sucede de momento es que, a partir de aquel día, Adolfo Suárez, acompañado de todos los españoles, enfila la recta final que llevará al país a celebrar, dos meses más tarde, las primeras elecciones libres en 40 años.


 Los acontecimientos previos a la llegada:
«¡Cuántas horas de sueño me ha quitado usted!». Quien pronuncia esa frase es el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez. En ese momento está en el vestíbulo de una casa de campo totalmente vacía en las afueras de Madrid. Y las palabras se las dirige al secretario general del Partido Comunista de España, Santiago Carrillo, que desde hace unos minutos está ya en la casa, dispuesto para celebrar una reunión con el presidente del Gobierno en el más absoluto de los secretos. Es domingo, 27 de febrero de 1977.
El encuentro entre nada menos que el jefe de los comunistas, todavía ilegales, y el presidente del Gobierno se ha montado como una operación de espionaje.
«Esto va a ser en una casa en la que yo vivo gran parte del verano y que en el invierno está cerrada», cuenta José Mario Armero (fallecido en 1995).
«Pero yo tenía unos guardas. Como yo quiero hacer el tema con la máxima seguridad, les digo a los guardas que por qué no se van unos días a Almería, que yo les invito. Y se van».

Armero ha hecho previamente de correo entre Carrillo y Suárez y ha transmitido al presidente del Gobierno que el líder comunista no quiere seguir esperando más y no acepta que las futuras elecciones democráticas se hagan con su partido fuera de la legalidad. Que quiere verle. Y Suárez ha recogido el guante. La intendencia la pone Armero, que organiza el traslado de ambos hombres hasta el chalé con las máximas garantías de seguridad.
La operación es especialmente peligrosa para Adolfo Suárez, no sólo porque el Ejército está absolutamente convencido de que el Partido Comunista está completamente fuera de los proyectos políticos del presidente del Gobierno, sino porque el clima general creado después de los sucesos de diciembre y enero —secuestros de Oriol y Villaescusa, detención y puesta en libertad de Carrillo—, la Semana Negra de los asesinatos de enero ha excitado enormemente los ánimos del espectro político que va desde el centro derecha hasta la extrema derecha. Si la noticia de este encuentro trasciende, si se llega a saber que el presidente se está entrevistando con el líder comunista, las consecuencias para Suárez serían devastadoras. 
Por eso, incluso el traslado de ambos personajes se hace con las máximas precauciones. Y, a pesar de todo, hay problemas: «Como nos comunicábamos por notas y mensajes con claves, se produce una confusión inicial. En principio, yo había quedado con Suárez en un bar de la carretera, pero él me manda una nota en la que me dice que no. Yo tengo miedo, pienso que el mensaje es falso, le llamo y me lo confirma: prefiere que yo le recoja en La Moncloa. Después, en un coche suyo, salimos Adolfo Suárez y yo a mi casa de Pozuelo».

A Carrillo le recoge en su casa Ana, la mujer de Armero, que tiene instrucciones muy estrictas: si tiene la menor sospecha de que alguien la sigue, no debe continuar, debe detenerse. Y así lo hace. Una vez que ha recogido a Carrillo en su casa del Puente de Vallecas se da cuenta de que alguien les está siguiendo. Finalmente se aclara todo: es el hijo menor de Carrillo y dos compañeros suyos, que están siguiendo el coche por mera seguridad. Ellos no saben, y Carrillo tampoco tiene la menor idea, a dónde le van a llevar. Ana Armero insiste: si la siguen no continúa. Al final, Jorge Carrillo y sus dos compañeros renuncian y ella sigue su camino. Finalmente, llegan a la casa. Son los primeros. Inmediatamente después aparece Armero con Adolfo Suárez. «¡Cuántas horas de sueño me ha quitado usted!», dice el presidente a Santiago Carrillo con la mano tendida.

«La verdad», recuerda Carrillo, «es que Suárez me saludó como si nos conociéramos de toda la vida. Fue cordialísimo, al punto de que, de todos los dirigentes políticos que yo traté en aquella época, y que eran de la oposición, el que menos señas daba de ser anticomunista y de tener menos reservas hacia nosotros era Suárez». 
«Después pasamos a un salón», cuenta Armero, a quien ambos piden que esté presente durante toda la conversación, «donde se sientan estos señores, se fuman los dos un montón de paquetes de tabaco... Mi mujer ha preparado algo para tomar pero no prueban absolutamente nada ninguno de los dos. Y entran en un mundo suyo, de su discusión, de lo que quieren, en el que prácticamente no se enteran de nada más. Se produce un pequeño incidente que lo demuestra. En un momento dado, suena el teléfono, es el teléfono de una casa que está cerrada. Yo me levanto para ver quién ha llamado. Pero cuando yo luego se lo comento ¡ninguno de los dos se había enterado de que había sonado el teléfono! Estaban en su mundo».
(...) es algo que corroboró años más tarde el propio Adolfo Suárez: «Yo tuve una conversación muy especial con Santiago Carrillo en una casa de Pepe Mario Armero, en las afueras de Madrid. En un determinado momento, cuando yo le estaba diciendo que yo podría legalizarle, pero sólo en determinadas circunstancias, él me dice:
    — Si yo leo en sus ojos que usted me va a legalizar.
    Y yo le contesto:
    — No, no le voy a legalizar.
Estábamos, naturalmente, negociando. En un determinado momento me dijo que por qué tenía él que creer en mí y yo no podía creer en él. Y tenía razón».

La conversación dura seis horas ininterrumpidas. Se meten «en su mundo», como dice Armero, y Carrillo pone desde el principio las cartas sobre la mesa: «Al comienzo le dije: 
    — ¿Vamos a hablar de política con P mayúscula o con p minúscula?
    — No, con P mayúscula, me dice Suárez.
Conversamos sobre la situación económica del país, sobre cómo veíamos el proceso de democratización en España. Estuvimos hablando del Partido Comunista, de siMonarquía sí o Monarquía no. Hablamos de muchísimas cosas».
Pero la estrella de este encuentro insólito, es, naturalmente, la legalización del PCE. Ahí José Mario Armero recuerda bien la presión de Carrillo: «Ni muchísimo menos se establecen allí las bases para la legalización del partido Comunista. Lo que sí hace Carrillo es presionar mucho, ¡mucho!, por la legalización. Pero no hay pacto, no se habla de fechas, ni de que el PCE tiene que reconocer la bandera, ni nada parecido. Tan sólo que se va a hacer lo posible por conseguir la legalización». 

Al contrario, más bien sucede que, en un primer momento, el presidente del Gobierno intenta llevar a Carrillo por un camino más cómodo. Más cómodo para Suárez. Pero el intento fracasa desde sus primeros compases. «Suárez me proponía que fuéramos a las elecciones como independientes», recuerda Carrillo. «Mi respuesta fue negativa. Le dije: 
    — Mire usted, si no nos legalizan, nosotros montamos mesas electorales a las puertas de los colegios y decimos a la gente que vote en esas mesas y no en los colegios. Bueno, eso no va a cambiar mucho las cosas, pero, ante Europa, esas ya no van a ser unas elecciones democráticas.
Entonces nos usteábamos y me dijo: 
    — Usted sabe que en este país hay gente muy importante que está contra la legalización del PCE.
    — Sí, pero si el Rey y usted quieren, legalizan al PCE.

La verdad es que Suárez, sin afirmarlo categóricamente, me dio a entender que iba a hacer todo para legalizarnos. Y lo hizo. Lo hizo con una gran coraje personal. Yo creo que Suárez obró con inteligencia, echándole valor al asunto. Quería de verdad un sistema democrático y estaba dispuesto a jugárselo todo para lograrlo. Y de ahí nació la amistad que luego he tenido con él».

A Adolfo Suárez, aquella apuesta política le llevó a hacer equilibrios durante meses en el filo de la navaja: «Yo asumí los riesgos que corresponden a un político que es en esos momentos presidente del Gobierno. Puede que asumiendo esos riesgos pierda las elecciones. Bien, ha perdido. Pero la grandeza del sistema democrático es ésa. Si un político, a la hora de ejercer el poder, no hace aquellas cosas que cree que debe hacer en beneficio de todos, obviamente no está siendo el presidente de todos los españoles. Yo sé que en aquella época asumí, efectivamente, muchos riesgos. Pero es que yo estaba llamado para eso».